Política y globos de colores

Ramiro Agulla fue uno de los principales artífices de la consagración de Fernando De la Rúa como presidente. Autor del famoso "dicen que soy aburrido", impuso un estilo que en 2009 replicó también con éxito para el entonces candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires por el PRO y hoy convertido al sciolismo, Francisco de Narváez.

"Ramiro es un gran conceptualizador emocional que sabe llegar al corazón a la gente", dijo alguna vez un colaborador cercano al publicista que en esta última etapa electoral colaboró, sin llegar a conducir la campaña, para Sergio Massa. La estrategia de Agulla, en la superficie, puede asimilarse a la de otro publicista estrella, pero de Cambiemos: el ecuatoriano Jaime Durán Barba. Un sinnúmero de nimiedades como "vamos a gobernar con vos", "te vamos a escuchar" o "vamos a dialogar con todos" son parte de un discurso que logra un alto de grado de penetración en buena parte de la sociedad y que se suma, en estos días, a la de poner en el centro de la escena la supuesta "campaña del miedo" con la que se evita el debate de fondo.

Es razonable pensar que alguien que puede ser presidente nos diga cómo y con quién lo va a hacer.

Si bien es verdad que la democracia no se agota en ir a las urnas cada dos años y que la participación de la gente es una pata importante de este sistema perfectible, no menos cierto, y quizá más importante, es que contiene una delegación de responsabilidad, que es la que le otorga con el voto el ciudadano al gobernante. La política, por definición, se entiende como "una actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos". Resulta entonces razonable pensar que alguien que, en ese caso, puede llegar a ser presidente, más allá de si "va a gobernar con nosotros", nos diga cómo y con quién lo va a hacer.

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