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La Mañana

Por qué tanto un grito como el llanto de un bebé producen el mismo miedo

Se atribuye a que ambos suenan en una frecuencia específica, ni grave ni aguda.
Nueva York.- Nadie puede sustraerse al llanto de un bebé. Probablemente alguien pueda hacer un esfuerzo por hacerse el desentendido, pero definitivamente no podrá evitar el sentirse perturbado. Y eso tiene una explicación.
Según un estudio realizado por  un grupo de estudiantes de posgrado de la Universidad de Nueva York (NYU), tanto el llanto de un bebé como los gritos pueden llamar nuestra atención y despertar sentimientos de una manera en que otros sonidos no pueden. Esto debido a que los gritos no sólo “tocan” una parte de nuestro cerebro destinada a procesar estímulos sonoros, sino que activan, además, la parte destinada a ponernos en alerta.    
“¿Qué los hace lo que son? ¿Por qué son tan efectivos?”, se preguntó David Poeppel, un profesor de psicología y ciencia neuronal de la NYU y director del Instituto de Estética Empírica Max Planck, en Alemania.
Para descifrar qué da a los gritos su cualidad para inducir “miedo”, los investigadores analizaron una amplia gama de gritos humanos de videos de Youtube, películas de terror conocidas, como Psicosis, y “gritadores” voluntarios que grabaron una gran cantidad de chillidos y gritaron frases (como “¡Está justo detrás tuyo!”) en una cabina de sonido. 
Tras analizarlas, los investigadores descubrieron que los gritos suenan en una frecuencia específica, ni aguda ni grave, de un rango muy amplio. 
Es decir, los patrones normales del discurso presentan pequeñas variaciones de freccuencia: van entre 4 y 5 hertz. Pero un grito pueden variar rápidamente de 30 a 150 hertz. 
Este rango corresponde a la cualidad acústica conocida como “dureza”, que hasta ahora se consideraba irrelevante para la comunicación humana. 
Es precisamente esta cualidad de pasar de grave a agudo rápidamente la que reserva para los gritos y el llanto un nicho único y privilegiado en nuestro cerebro, y una función biológica y socialmente efectiva.
“Esto es precisamente donde viven los gritos”, dijo Poeppel, quien junto con otros miembros de su laboratorio publicaron sus hallazgos en la revista Current Biology. 
“Ellos ocupan un rango restringido del paisaje sonoro”, agregó.
 
Alarma
En el trabajo, además, se compararon los gritos con otros sonidos y se encontró que los únicos que mostraron una modulación similar fueron las alarmas de autos, de casas y de relojes. 
Para verificarlo, sometieron a distintos voluntarios a diferentes estímulos sonoros y se monitoreó su actividad cerebral. 
Se pudo comprobar que los gritos humanos y las alarmas generaban un aumento de la actividad en la amígdala, la región del cerebro que se utiliza para procesar y recordar el miedo.
Además, cuando los investigadores hicieron que los voluntarios calificaran los gritos basándose en cuán aterradores eran, los que tenían más “dureza” fueron los que generaron más miedo, incluso cuando se trataba de frases normales modificadas para sonar así, constatando que cuanto más duro es un sonido mayor era la respuesta al miedo en la amígdala.
Si bien aún queda por investigar qué pasa con el grito en situaciones positivas, como cuando alentamos en una cancha, los investigadores consideran que estos hallazgos pueden ser aplicados a la vida real, por ejemplo para reducir la contaminación sonora o mejorar la experiencia de un film de terror y haciéndolo más aterrador.