Si querés comer dulces, mejor que sea por la mañana
"Nuestro estudio demuestra que el tejido adiposo subcutáneo tiene un reloj interno que es capaz de regular la sensibilidad a la insulina incluso estando in vitro, fuera del cuerpo", informó, por su parte, el estudioso norteamericano, que añade que ese ritmo "se adapta muy bien a lo observado en los seres humanos en general cuando examinamos cómo hacen frente a una comida o a una carga de azúcar". Para llevar a cabo esta investigación, los distintos equipos científicos de las cuatro universidades trabajaron durante todo un año en el análisis y observación de muestras de grasa subcutánea y grasa visceral extraídas de 18 personas que se sometieron a cirugía de bypass gástrico en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia.
18 personas con bypass gástrico se utilizaron para realizar este detallado estudio.
Con esa veintena de muestras, pertenecientes a perfiles personales bien distintos entre sí, la investigadora Mari Paz Carrasco y miembros de su grupo crearon más de un millar de explantes o cultivos de tejido adiposo, que les sirvieron para identificar los cambios que se iban experimentando en el funcionamiento de la hormona de la insulina en función de la hora analizada.
Marta Garaulet, impulsora de la cronobiología, ha resaltado que este trabajo explica por qué se toleran peor los azúcares por la noche, lo que "puede llevarnos a picos de insulina que a la larga nos harán engordar" porque "favorecen la entrada de grasa al tejido adiposo".
Diabetes y obesidad
Ingerir dulces por la noche podría aumentar el riesgo de padecer diabetes y obesidad, aunque se podría evitar con un número suficiente de horas de sueño al día y acostándose temprano, ya que son dos factores que "ayudan a mejorar el funcionamiento del tejido adiposo". Investigadores españoles subrayaron la importancia de la colaboración interdisciplinar y la notable ayuda encontrada, en su caso, desde hace dos décadas en el equipo médico del cirujano Juan Luján, del hospital universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia. "Esta investigación es el claro ejemplo de los buenos resultados que da la colaboración del científico básico y el científico clínico", explicó Marta Garaulet, que agradece las facilidades que siempre ha encontrado en este equipo para acceder a los pacientes, entrevistarlos y conocer sus hábitos de vida, factores que consideró "fundamentales" para completar el trabajo del laboratorio.
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