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La Mañana

Soplando en el viento

Juan José Aranguren, el ex hombre fuerte de Shell, puso el dedo en la llaga. Alentó promover la energía eólica antes que Vaca Muerta dado que con menor inversión habría mejores resultados en el corto plazo. La diversificación de la matriz ya no es un objetivo deseable. Es una necesidad”, dijo el empresario. Pero al analizar en profundidad sus dichos se llega a la conclusión de que forman parte del cúmulo de buenas intenciones que se vienen pregonando a favor de las energías renovables.
Al analizar la realidad, se detecta que la oferta de energía eléctrica en el país está compuesta en un 75 por ciento por centrales térmicas, de las cuales un 72 por ciento se abastecen con gas, y otro 22 por ciento con combustibles líquidos; es decir, más del 90 por ciento de las centrales funcionan con hidrocarburos. La energía eólica, con una capacidad instalada que apenas suma 187 Mw, apenas llega al 1 por ciento de la producción total. Es decir que se tendría que incrementar en casi mil por ciento su actual nivel para llegar a cubrir la oferta de los hidrocarburos. A esto se le debe adicionar el costo de desplazamiento. El precio de la energía eólica para ser competitiva debe ser subsidiado, dado que por los altos costos que demanda su producción la hacen inviable. Y, como si fuera poco, hay que pensar en la reserva en frío, que debe ponerse en marcha para cubrir la demanda cuando no hay viento.
El sistema energético en el país es por demás complejo. Se deben alentar las energías renovables y que sean a la vez sustentables. Y dejar en claro que a veces, detrás de las buenas intenciones, hay intereses económicos para ver quién se lleva una tajada de los generosos subsidios nacionales.