Los padecimientos que sufren las mujeres no son nuevos. Todo lo contrario. Lo que es nuevo son sus voces liberadas, rompiendo cadenas y mordazas que duraron siglos. Ayudadas por la multiplicación de sus voces, las mujeres de Hollywood marcaron un camino en octubre del año pasado, cuando la meca del cine se revolucionó al salir a la luz los abusos interminables de uno de sus productores más venerados y exitosos. Pocos se sorprendieron con los relatos coincidentes sobre el abuso de poder de los hombres que manejan ese negocio multimillonario. Es que todo se sabía hacía rato, sólo que no se decía, aceptado como un requisito más a cumplir por aquellas que soñaban con ser estrellas. Contagiadas, ganándole al miedo, otras actrices se animaron, las denuncias se multiplicaron enseguida y empezaron a caer en desgracia más famosos que hacían del acoso un arma de uso habitual.
En nuestra farándula, Calu Rivero rompió el hielo después de años de no animarse a contar lo que vivió y encendió una alerta. Muchas colegas la apoyaron y sumaron sus propias historias de acosos a manos de hombres que no entienden que no es no, un mal que se repite en el ámbito artístico o en el que se nos ocurra. El domingo se sumó a esa lista la denuncia de Rita Pauls contra Tristán, reafirmando un debate que recién comienza, que muestra cuánto se está avanzando y también cuántas batallas hay que dar todavía en una sociedad en la que Cacho Castaña pide con gracia por TV que se goce con una violación, en la que los jugadores de Boca acusados de maltrato y golpes reciben un respaldo silencioso en pos de no afectar el negocio del fútbol y su aporte dentro de la cancha, en la que muchos de los comentarios escritos o dichos ante este tipo de noticias desnudan que el cambio debe ser muy profundo y afectarnos a todos.
Las denuncias públicas muestran cuánto se avanzó y también cuántas batallas hay que dar.


