Un homenaje a don Marcelo

Es uno de los pocos íconos vivientes que le quedan a la provincia de Neuquén y es parte de la cultura popular, las raíces criollas y esa identidad local que de a poco se va conformando en este territorio tan joven.

Marcelo Berbel nació un día como hoy de 1925 en la ciudad de Plaza Huincul.

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Poeta, escritor, músico. Un ensamble de virtudes artísticas que lo ubicaron durante toda su vida en el lugar más alto al que pueden llegar los ídolos populares en cualquier terruño.

De sangre criolla y mapuche, con la filosofía del paisano y el romanticismo del campo. Con el roce de grandes artistas que le enseñaron y a los que él les enseñó. Así fue puliendo la inmensa obra que dejó como legado a los neuquinos, pequeños tesoros que trascendieron las fronteras de la provincia y del país para ser admirados por los artistas más destacados de toda Latinoamérica.

José Larralde, León Gieco, Horacio Guaraní, Jorge Cafrune (por citar algunos) fueron compañeros de escenarios en mil noches bohemias y cantos populares, en peñas y festivales. Y hasta poetas enormes, como Pablo Neruda, aceptaron con agrado que Berbel musicalizara algunas de sus inolvidables rimas. Todo quedó plasmado en canciones inolvidables que se siguen escuchando a lo largo de todo el continente.

Hoy una estatua lo inmortaliza en pleno centro de la capital neuquina y un himno provincial le rinde homenaje en cada estrofa y estribillo. Y lo recuerda como ese tipo que fue: un viejo campechano de voz disfónica y amable. Un músico y poeta de raza que, humilde y mestizo, se convirtió en un canto al país.

Grandes poetas y músicos de toda América Latina conocieron y admiraron a don Marcelo Berbel.

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