Un músico con partitura social

Cómo se va a entender el asunto de la ética y la estética sin el menor contacto con ella?, se preguntó hace un tiempo el pianista y director de orquesta -argentino y judío nacionalizado- Daniel Barenboim. Y como respuesta decía que parece ser que la música está fuera de la existencia, cuando es todo lo contrario: una expresión del alma humana.

Excelencia artística y humana son las características que conjuga Andrés Tolcachir, el destacado director de la Orquesta Sinfónica de Neuquén, quien desde que agarró la batuta en 2006 puso la música al alcance de todos los neuquinos. Ya sea en el barrio Almafuerte II, uno de los sectores más afectados por el temporal de lluvia del 7 de abril del año pasado, en un hogar de ancianos o en el Hospital Heller porque, según su opinión, esos son los ámbitos naturales de la música.

Formado en Argentina y posteriormente en Estados Unidos y Alemania, y de dirigir las orquestas europeas más importantes, como la Filarmónica de Dresden, Tolcachir regresó al país y eligió Neuquén convencido de que la música es una herramienta de inclusión social.

Tolcachir puso la música al alcance de todos los neuquinos y la lleva hasta un hogar de ancianos.

Vehículo para transmitir emociones profundas como es la música, eso es lo que provoca en cada concierto Tolcachir y su orquesta, y eso quedó demostrado el viernes pasado en el Cine Teatro Español, donde ofreció un programa que incluyó obras de Grieg y Schumann, con el objetivo que lo recaudado sea donado a la Cooperadora del Hospital Castro Rendón para el Servicio de Salud Mental.

Tolcachir y sus músicos están involucrados con la comunidad neuquina, su arte trasciende el hecho mismo del concierto. Y este, sin duda, es el diferencial de un gran artista.

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