Un "no va más" a los ludópatas

En Neuquén, 235 personas pidieron que les nieguen la entrada a los casinos para recuperarse de la ludopatía.

Nadie como el escritor ruso Fiodor Dostoievski describió la locura y el drama del juego. En su novela El jugador, publicada en 1866, narró el drama de ese vicio iniciado para matar el tiempo y que desplegó en las ruletas de casinos. Unas pocas monedas le permitieron ganar varios miles de francos y, así, el veneno del juego fue inoculado por el autor de Crimen y castigo, quien fue un ludópata confeso. Ivánovich, el apellido del protagonista de la novela -que no es otro que Dostoievski-, juega con la fe de creer poseer el sistema para el triunfo infinito. Gana a veces pero pierde mucho más de lo que gana. Arruinado, comienza a escribir esta obra maestra de la literatura universal.

El derrotero del protagonista de El jugador nos coloca frente al verdadero calvario en el que puede transformarse la adicción a los juegos de azar y reflexionar sobre causas y consecuencias de la llamada ludopatía.

“Se empieza a jugar por placer, por diversión, pero después se convierte en una obsesión, en una enfermedad”, me confesó alguna vez, a la salida de una de las reuniones de autoayuda para quienes desean alejarse del mundo de las apuestas después de perder lo afectivo y lo material, un hombre de 50 y pico de años que desde los 15 se la pasó frente a ruletas y tragamonedas.

En una provincia donde casinos, bingos y tragamonedas se convirtieron en el mapa cotidiano para muchos hombres y mujeres de todas las edades y clases sociales, que haya 235 personas anotadas en un registro para autoexcluirse de estos ámbitos es un paso para combatir la enfermedad. Un paso que, aunque sea, funciona como una barrera psicológica para el jugador.

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