Un perfil estigmatizado
Plaza Huincul > En la jerga local, el cabaret es para muchos “La Escuelita” o el “Pelotero nocturno”. Es el lugar donde se encuentran todos los petroleros -viejos y jóvenes- para apaciguar al menos por un rato una vida llena de carencias: carencia de afectos, de seguridad y de confort.
“Los cabarets tienen que existir, porque si no se generan otros problemas como la violencia, las desviaciones, las adicciones... y a los muchachos hay que tenerlos bajo control”, afirma el Burro, allegado al sector.
El hombre petrolero, a pesar de sus recientes conquistas sindicales y de su sólido salario, tiene una vida hostil: suele pasar mucho tiempo lejos de su familia, y sus dos únicos entretenimientos son el cabaret y el casino. En una noche promedio, un petrolero puede gastar en un cabaret, como mínimo, unos $1.000, afirman. De todas maneras, es importante entender que no necesariamente todos van en búsqueda de favores sexuales.


