Un viaje, todo un desafío
Neuquén.- Juan cuenta que fue y volvió de China sin hablar una sola palabra en ninguno de los dialectos del país oriental. “Nada, nada, solamente aprendí a decir ‘xie xie’, que es como decir gracias”, contó.
Tampoco pudo hacerse entender en inglés, porque su manejo del idioma es “muy elemental”, como él mismo explica. Así, la única alternativa fue recurrir a la traductora de la comitiva (“una chica muy amable”) y también dedicarse a recorrer y escuchar.
Entre una ronda de negocios y otra, aprovechó el viaje para conocer un mundo nuevo, totalmente distinto, y reunir numerosas anécdotas para contarle a la vuelta a sus seres queridos.
“Ya en la escala de París empecé a ver chinos con barbijos y no entendía nada, porque las cenizas del Calbuco estaban acá pero allá no llegaban, hasta que llegué a Shanghai y vi que tienen un problema de contaminación tremendo, donde hay días que no ves el sol”, dijo.
Otro rasgo que le llamó la atención es el poderío económico del país y de las dos ciudades que visitó, Shanghai y Pekín, cada una por encima de los 20 millones de habitantes. “Pese a eso, mantienen su cultura milenaria y son sumamente supersticiosos, al punto que aún los hoteles de mucha categoría no tienen cuarto piso”, comentó. En el este de Asia existe la fobia al número 4, que en chino se pronuncia muy parecido a la palabra “muerte”.
De compras por las calles orientales, Ferri encontró que imitan todo pero a bajo costo, “como una gran La Salada” y que el precio oficial es el regateo: “Si te dicen que algo vale 500 yuanes, lo sacás por 2,50”, aseguró.


