Una multitud le dio el último adiós a Chela

La compañera de Felipe murió ayer a los 94 años.

MARIO CIPPITELLI
cippitellim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
Estaba cansada de vivir, de soportar los achaques de salud que acumuló durante 94 años. Y un día dijo que ya no quería comer, otro optó por cerrar los ojos para mantenerse recostada y finalmente decidió morir.

Estela "Chela" Romeo de Sapag falleció ayer en su casa de la calle Belgrano, en paz y sin sufrimiento, según reconoció emocionado su hijo Luis, quien difundió la noticia en las primeras horas de la mañana.

Cansada Chela no estaba enferma y estuvo lúcida hasta el último momento.

Como ferviente mujer católica, el día anterior había recibido al obispo de Neuquén, Virginio Bressanelli. También le había encargado a una de sus colaboradoras de toda la vida que le preparara la ropa y que la maquillara con tonos pasteles. Chela era una mujer coqueta que siempre lucía de punta en blanco, aunque su vida girara adentro de la casona de piedra en la que vivió los momentos más felices y tristes de su vida junto a su esposo y sus cuatro hijos.

Fue el amor de toda la vida de Felipe Sapag. Fue la madre que sufrió la muerte de dos hijos. Fue la maestra Estela Romeo y también doña Chela, la mujer que acompañó, aconsejó y contuvo al líder del MPN.

Había nacido en Misiones y apenas se recibió de docente decidió emigrar en busca de otros destinos. Eligió Neuquén porque una vez escuchó ese nombre en boca de su padre. "La Patagonia... ¿por qué no?", se preguntó.

En 1946 llegó a una Cutral Co desierta y arenosa, una postal completamente distinta a la que había dejado en la Mesopotamia, y comenzó a dar clases inmediatamente, tratando de adaptarse al clima y a aquel pueblo tan particular.

Tiempo después se enteraría de que un carnicero del pueblo, llamado Felipe Sapag, siempre la miraba cuando ella pasaba frente a su comercio camino a la escuela. El joven se había enamorado desde el primer momento en que la vio con su guardapolvo blanco y sus libros abrazados contra el pecho.

Felipe sabía que la joven era una maestra misionera que recién había llegado al pueblo para dar clases, por lo que inmediatamente le pidió a su amigo Alesio Saade, el vicedirector de la escuela, que se la presentara.

Se conocieron después de una cita en un cine y se juraron amor eterno. Se casaron al verano siguiente en Cutral Co y la vida les regaló cuatro hijos.

Fue Felipe el que le pidió a Chela que dejara la docencia para criar a su familia. Él ya había dejado el comercio y empezaba a construir una carrera política que le llevaba todo el tiempo. "A mí no me gustaba, pero estaba dispuesta a acompañarlo", dijo durante uno de las últimas entrevistas que le hicieron.

Siempre estuvo al lado de Felipe: en las mejores épocas y en las más tristes, como cuando se enteró de la muerte de sus dos hijos Ricardo y Enrique durante la dictadura militar. Pero siguió adelante por los dos hijos que le quedaban, por el amor que le había prometido a su marido. Fueron 64 años de compañía hasta que Felipe se despidió para siempre, a los 93 años.

En su casa de la calle Belgrano vivió sus últimos años, rodeada de fotos y recuerdos, acompañada por su hijo Luis y dos personas que ya eran parte de su familia.

"Pese a todo, fui una mujer feliz", dijo la última vez que le pidieron un balance de su vida.

Políticos le rindieron homenaje

NEUQUÉN
Desde las 11 de la mañana, la casa de Estela "Chela" Sapag se llenó de familiares, amigos y numerosos funcionarios que fueron a despedirla, tras su muerte, a las 7 de ayer. Allí se realizó el velorio para darle el último adiós. Hacía dos semanas que Chela se encontraba acostada en su cama, sin posibilidad de levantarse, y era asistida por mujeres que la cuidaban permanentemente.

Durante toda la mañana y el mediodía, flores de todos los colores inundaron su casa, en pleno centro neuquino.

El gobernador Omar Gutiérrez se hizo presente en el lugar junto a su esposa, Marisa Cuesta, para acompañar a la familia Sapag. A pesar de sus dificultades para trasladarse, Pastor Gutiérrez, abuelo del gobernador, también asistió y estuvo junto a los familiares y amigos. "Chela nos dejó un legado.
El amor, el compromiso, el cariño, el acompañamiento con el que acompañó a Felipe siempre, en toda la vida. Felipe no hubiese sido Felipe si no estaba Chela al lado", dijo el gobernador, y añadió que hoy es un día de "plenitud e identidad neuquina", ya que "acompañar a la familia Sapag es acompañar a cada neuquino".

Por su parte, Elías Sapag, sobrino de Chela, la recordó como una mujer muy buena, amable, cariñosa y con fortaleza. "Hay que tener estirpe para seguir viviendo ante la pérdida de un hijo, y ella siguió viviendo por los hijos que quedaron y para acompañar los ideales que siempre mantuvieron", afirmó.

En horas de la tarde, familiares y amigos se trasladaron hasta el Cementerio Central de Neuquén, donde le dieron el último adiós a la compañera de Felipe.

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