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La Mañana Néstor Kirchner

Néstor Kirchner y Javier Milei: dos sueños inversos que nunca se cruzaron

En el aniversario de Kirchner y con la confianza de Milei detenida, dos liderazgos opuestos revelan el mismo instinto. leer el subsuelo argentino antes que nadie.

Néstor Kirchner y Javier Milei nunca se conocieron. No hay fotos compartidas, ni registros de algún saludo protocolar. Uno murió cuando el otro todavía ni aparecía como un vehemente economista que empezaba a hacerse un nombre en estudios de televisión.

Sin embargo, vistos desde hoy, parecen dos dirigentes que entendieron en mundos muy distintos, una radiografía muy íntima de la Argentina: que el poder no nace en la superficie, sino de las miserias del subsuelo.

Kirchner llegó en 2003 cuando el país estaba quebrado, pero sobre todo humillado. Cinco presidentes en días, con una crisis que se transmitió en vivo, y una sociedad que dejó de creer en la política. El sistema había perdido legitimidad y el Estado totalmente ausente. En ese vacío pronunció aquella frase que todavía divide aguas: "Vengo a proponerles un sueño".

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Néstor Kirchner, Hugo Chavez, Lula Da Silva y Cristina Fernández. Otra foto de los liderazgos de época.

Néstor Kirchner, Hugo Chavez, Lula Da Silva y Cristina Fernández. Otra foto de los liderazgos de época.

Y ese sueño era, en términos concretos, reconstruir confianza. Volver a darle centralidad al Estado en un momento donde todo se había desmoronado.

Nacidos de la Argentina desorientada

Milei emergió de otro tipo de derrumbe. No fue una explosión institucional, sino una erosión prolongada de la crisis de representación de la política. Años de promesas incumplidas, de estancamiento, de inflación persistente, de pandemia y desgaste.

El segundo mandato de Cristina, la fallida experiencia de Macri, y la desorientación del gobierno de Alberto Fernández fueron sedimentando una frustración transversal, en otro subsuelo de la Argentina.

El hartazgo ya no se concentraba en una plaza sino que circulaba por redes sociales, con el caldo de cultivo del aislamiento y la pobreza. No hubo cinco presidentes caídos en una semana, pero sí una sensación extendida de que nadie lograba cambiar el rumbo. Nadie venía a proponer y a conectar con un sueño, aunque sea solo una farsa.

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Javier Milei con Donald Trump. Como Menem aliado de GEorge Busch padre en 1990. Lecturas de épocas.

Javier Milei con Donald Trump. Como Menem aliado de GEorge Busch padre en 1990. Lecturas de épocas.

Milei supo leer que había otra Argentina debajo de la Argentina formal, los informales crónicos, los jóvenes precarizados, contribuyentes exhaustos, los ciudadanos que sentían que el Estado no los protegía sino que los exprimía. Y también los desviados y odiadores que el sistema nunca pudo contener. Una suerte de V de Venganza.

Su sueño fue exactamente inverso al de Kirchner. No más un Estado para reparar, sino menos Estado para "liberar", sin reconstrucción, sino demolición, más allá de que muchas de las promesas de campaña sólo quedaron en el impacto de las frases.

Indice de confianza de cada uno

Los números ayudan un poco como cada uno concentró poder y confianza, con la época y su público, más allá de las fluctuaciones. El Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella y que se difundió en febrero, tuvo 2,38 puntos para la gestión de Javier Milei, con una caída por tercer mes consecutivo. El promedio de su mandato ronda los 2,44 puntos. El de Kirchner fue 2,49, es decir, casi iguales, por ahora porque puede caer o levantar. Los demás presidentes, muy por debajo de estos dos.

Ese dato no significa que los procesos sean equivalentes, sino que ambos lograron, en su momento, capturar un clima social intenso.

Eso les pasó a todos los gobiernos fuertes. Tanto Kirchner como Milei conducen con centralidad, imponen agenda, generan adhesión y rechazo en partes iguales.

Basta que aparezca una foto de Milei para que una horda digital lo celebre o lo ataque con furia. Basta que se publique una imagen de Kirchner para que ocurra exactamente lo mismo, pero en sentido inverso.

Liderazgos tibios no generan hordas, sino indiferencia.

Kirchner interpretó el subsuelo de la Argentina que pedía Estado y pertenencia después del colapso de 2001. Milei interpreta el subsuelo que desconfía del Estado después de años de frustración acumulada. Uno encarnó la patria grande latinoamericana en el momento del auge regional. El otro se sube en una ola global de derechas disruptivas con figuras como Donald Trump. Son climas internacionales distintos, pero en ambos casos el líder se sintoniza con la época.

Nunca se conocieron. Pero ambos entendieron que la Argentina, cuando se agota, ya no busca administradores ni moderados sino intérpretes que traduzcan el malestar en una dirección clara.

Este 25 de febrero, Kirchner cumpliría 76 años, y gobernó una Argentina de la que hoy poco queda. Donde el amor y el odio, parecen ser caras de una misma moneda.

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