Una radiografía que da miedo

Hay dos leyes muy básicas en el periodismo: dudar de todo y sacar a la luz aquello que el Estado no quiere que se vea.

Hay dos leyes muy básicas en el periodismo: dudar de todo y sacar a la luz aquello que el Estado no quiere que se vea. Bajo estas premisas, trabajamos a sabiendas de que al poder nuestra actividad le molesta.

Desde la Policía creen que tapando o escondiendo hechos se reduce la “sensación de inseguridad”, pero se equivocan porque en cualquier reunión social o de amigos todos tenemos alguien que ha sido víctima de los delincuentes.

Sólo en julio hubo más de 300 robos en la provincia. Es hora de replantearse el modelo de seguridad que aplican.

La estrategia policial pasa por sólo difundir un par de hechos, esclarecidos preferentemente, que le dan “buena prensa”.

Por ese motivo, en el diario redoblamos el esfuerzo y el compromiso durante todo julio para tener una radiografía lo más honesta posible de los delitos que impactan a la provincia.

El derrotero de los datos obtenidos (ver nota en páginas 30-31) nos devolvió, cual espejo, el peor reflejo. Por día hay una base de 10 robos que incluyen personas, casas, comercios y vehículos.

La delincuencia neuquina no discrimina. Les da lo mismo la condición económica de sus víctimas. Lo único que importa es el botín, que puede ser desde dinero en efectivo, tecnología, vehículos hasta garrafas que se roban en hogares muy humildes.

Todo lo sustraído se integra al siempre creciente mercado negro donde comercializan hasta por las redes sociales.

El Gobierno y la Policía parecen estar varados en el medio de un túnel sin saber cómo seguir. Llenaron las calles de móviles y cámaras y a pesar de todo lo invertido, el delito avanza a paso firme. Tal vez, la solución no sea policializar la seguridad, modelo del que Neuquén parece no poder salir.

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