Los temas urgentes no necesitan debates estériles. Ni mucho menos chicanas políticas o demostraciones populistas.
Los temas urgentes requieren acciones concretas para solucionarlos cuanto antes, como la contaminación de los ríos, que no nació ayer y que ya lleva muchos años sin que se logre una solución definitiva.
Fueron los medios de comunicación y la presión de dirigentes ecologistas los que pusieron el tema en medio del debate, pero ahora fue la Justicia la que decidió actuar, sin ningún posicionamiento político y con mucho sentido común, antes de que el problema sea cada vez más grave.
La buena nueva se conoció ayer: la Justicia Federal hizo lugar a un amparo presentado e intimó a las autoridades que tienen competencia en el tema a identificar los focos de contaminación, en primer lugar, y a presentar un plan para remediarlo.
Después se verá de dónde salen los fondos correspondientes y de qué manera se realizará un monitoreo para que esto no vuelva a ocurrir.
La salud de los ríos es la salud de la población, pero también de la vida silvestre y los ecosistemas que habitan en un río que alguna vez fue cristalino, puro y motivo de orgullo para todos los neuquinos.
Después de muchos años de inacción frente a un problema grave, por fin alguien toma una decisión concreta para remediar el problema cuanto antes.
Después podrán debatirse las culpas y responsabilidades de quienes están vinculados al tema. Pero la solución tiene que ser rápida y efectiva y debe servir de ejemplo para saber qué es lo que no hay que hacer cuando algunos se desentienden del tema. Y lo que sí hay que hacer cuando finalmente se reconoce un problema como este.
¿De qué sirve echar culpas si la solución al problema de los ríos no llega? La Justicia actuó con sentido común.


