Vaca Muerta como territorio de disputa y de salvación

La puja por los recursos también plantea el desafío de tener empresas competitivas a la altura de una industria de avanzada en el mundo.

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

Esa formidable masa de recursos (para seguir buscando) que es Vaca Muerta se ve envuelta en tironeos. Ocurre casi desde el minuto uno del, a estas alturas, histórico anuncio de la Agencia Internacional de Energía de que justo debajo de nuestros pies estaba la segunda reserva mundial de gas de esquisto y la cuarta de petróleo. Al final, había una nueva tecnología que permitía ir al alhajero para tratar de colgarse la versión no convencional de las joyas de la abuela. Ocurre que el alhajero, ya se sabe, es enorme, casi como el de ninguna abuela que alguien haya tenido antes en esta provincia.

De inmediato eso fue poco menos que un letrero de neón con una invitación en medio de la estepa de Añelo, y donde todos comenzaron a posar los ojos como si fuera la salvación. Y para muchos lo es. Vaca Muerta hoy es una tierra de promesas que despierta la codicia de empresas de todo el país que tratan de conseguir los beneficios que la golpeada economía nacional hoy no les da en otros lugares.

Proliferan los clusters a lo largo y ancho del país: Córdoba, Rosario, Buenos Aires, y claro, el de pymes neuquinas que ven cómo eso que tienen a la vuelta de la esquina acaso se les pueda piantar de las manos en términos de oportunidades.

Junto con esto, también proliferan los posicionamientos políticos. El último de ellos el de Guillermo Pereyra, el líder del sindicato petrolero, quien planteó la necesidad de una “aprobación” de las cámaras empresariales neuquinas para aceptar a las “empresas golondrina” de otros puntos del país. El gobierno neuquino, y un aliado de fuste como el también senador del MPN, viene tratando de proteger la creación de trabajo que llega de la mano del empuje de inversiones que alcanzan un ritmo cercano a los 5000 millones de dólares por año.

El área Fortín de Piedra (Tecpetrol) fue una muestra de eso: hubo un acuerdo para que el 80 por ciento de los obreros de la construcción que se emplearían en el área fueran neuquinos. Sucedió y sentó un primer precedente. En el caso de las pymes, hay una zona de tensiones. Por un lado, un marco normativo que favorece a las empresas locales. El tan declamado “compre neuquino”, que, entre otras prerrogativas, otorga la posibilidad de mejorar ofertas a firmas neuquinas en licitaciones si garantizan un servicio que no vaya en demérito. Esto, en parte, les pone los pelos de punta a las principales operadoras, acostumbradas a “bajar” a las áreas que toman con pymes a las que conocen hace décadas. Por el otro lado, está la situación de empresas de otras provincias sin base en Neuquén, que transportan personal sin invertir un solo peso y no tributan localmente todo lo que debieran. Pero el debate de fondo también implica una mirada acerca de que hay servicios que aún las empresas locales no están en condiciones de dar en gran escala.

A veces, en la discusión, pareciera quedar de lado el tema de la magnitud, quizás un vicio de la visión de corto plazo a la que están sometidas por imperio de las crisis económicas recurrentes. Forma parte de lo mucho por recorrer. Se dice: Vaca Muerta tiene que recibir unos 10.000 millones de dólares anuales de inversión. Si ocurriera mañana (después de todo sería poco menos que el doble de la máxima inversión que entró a Neuquén en un año), ¿se podrían dar todos los servicios que eso requeriría? Quizás Neuquén también se deba una discusión hacia adentro de cómo logra condiciones para competir, a gran escala y no aisladamente, dentro de una industria de avanzada a nivel mundial. Hay que cuidar el empleo y las pymes locales, es así.

Teniendo conciencia también de que hay sectores en los que hay mucho por recorrer. Y que la magnitud del negocio es enorme. Es otro paso para hacer sustentable esa realidad descomunal llamada Vaca Muerta.

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