Wiñoy Tripantu: emotiva bienvenida junto al río Limay
Neuquén.- El suelo es un manto de hojas muertas donde los tonos ocres se multiplican en su diversidad. El cielo, un plano gris apagado donde el sol no parece más que un recuerdo. Allí, en ese escenario, cientos de hombres y mujeres se reúnen en semicírculos concéntricos para renovar un nuevo ciclo de la tierra.
Las mujeres llevan polleras negras y azules, monedas de plata sobre la frente y el pelo azabache anudado en complejos trenzados. Sin perder el semicírculo, sus pies golpean el suelo con firmeza mientras se desplazan hacia adelante y hacia atrás, y sus manos marcan el ritmo sobre el kultrun.
Son las 9 de la mañana y el frío comienza a apretar. Los mapuches lo combaten con ponchos de lana gruesa y botas de cuero, pero hay cientos de otros que usan delgadas camperas de nylon y zapatillas deportivas.
“Desde hace algunos años tratamos de abrir nuestra ceremonia a la comunidad en general, porque la naturaleza se renueva para todos”, dice Umaw, un vocero de la zonal que oficia como traductor de una ceremonia que parece indescifrable para los ojos ajenos.
Al Wiñoy Tripantv los blancos le dicen el año nuevo. Pero el pueblo mapuche no cuenta los años como una línea de días que pasan y se pierden, sino como una historia circular que se renueva cada solsticio de invierno, cuando la naturaleza parece estar muerta.
Para los mapuches, el año nace con los árboles desnudos e indefensos, después del descanso del otoño. Nace con los primeros brotes de las plantas y crece con la primavera, cuando todo florece. Después llegará el verano con sus cosechas y, más tarde, el otoño, donde el ciclo parece morirse de a poco. Así, el año de los mapuches cobra más sentido porque es más parecido al ciclo de la vida que el calendario gregoriano.
Entre la monotonía del golpe sobre el cuero tenso del kultrun, un grito masculino desgarra el cielo encapotado de la mañana. El resto responde con un grito similar, apenas una o dos vocales que no forman palabras concretas.
“No tengan vergüenza de gritar, los hombres tienen que darles fuerza a las mujeres”, dice el guía que oficia la ceremonia.
Se lo dice especialmente a los no mapuches y les aclara que todos pueden gritarle al río o a la tierra, como una señal de buenos deseos.
Sólo les recuerda que hay que vociferar cuatro veces, porque cada grito representa a un miembro de la familia.
Los reclamos más significativos
Para las comunidades mapuches de la zonal, el Wiñoy Tripantv los encuentra en un momento especial, donde varias comunidades han entrado en tensión con el Gobierno por reclamos territoriales. Según señalaron, este ciclo los convoca a renovar su compromiso por la defensa del medioambiente y la defensa de sus territorios.
Te puede interesar...
Leé más
Ingresos Brutos: Figueroa les ganó la pulseada a Kicillof y a Llaryora
Noticias relacionadas









