"A la que menos le servía Eduardo muerto era a mí"

La prostituta acusada de matar a Honores en Cipolletti dijo que era su mejor cliente.

Por Gustavo Arroyo / arroyog@lmneuquen.com.ar

“Esta vez tengo la conciencia tranquila”, aseguró Irene Méndez, la mujer acusada de matar de un balazo al cipoleño Eduardo Honores. En la actualidad, cumple tres meses de prisión impuestos por la jueza Sonia Martín y espera su juzgamiento, donde podría recibir un castigo perpetuo.

La detenida, que se dedica a la prostitución, da sus argumentos para sostener su inocencia. “A la que menos le servía Eduardo muerto era a mí: cada vez que iba a su casa, me pagaba entre 1500 y 2000 pesos”, enfatizó. Durante más de un año, Méndez frecuentó la propiedad de Honores en Cipolletti, ubicada sobre calle Villegas al 900. Le hacía hasta tres visitas por semana y “me quedaba en general hasta las 11 (de la noche) porque si no, no tenía colectivo para volver”, indicó la mujer, que vive en Centenario.

Rescató que Honores “era muy buena persona” y que por eso se alargó en el tiempo la relación más allá de que “él tenía una novia”.

Para Méndez, la fiscalía de esta ciudad encontró el “chivo expiatorio perfecto” por sus antecedentes como “viuda negra”. Estuvo presa a muy temprana edad en Neuquén pero aclaró que cumplió las condenas y que desde el 2016 llevaba una vida alejada del delito.

“Me joden mis antecedentes pero soy la primera que quiere que esto se aclare. Lo que dicen que había en mi casa y era de Honores es una boludez, no vale más de 2000 pesos”, se quejó.

Muy angustiada por la pena de prisión que podría caberle si es encontrada culpable, la mujer indicó: “Voy a quedar presa por algo que no hice. No entiendo tanta cizaña conmigo: meterme acá dentro cuando podían ponerme una pulsera o tobillera para vigilarme”.

Méndez debe cumplir una preventiva de tres meses y recién después, se fijará la fecha para que sea juzgada por homicidio.

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--> Su pasado de viuda negra le jugó en contra

Irene Méndez tiene 37 años y es madre de cuatro hijos. A pesar de estar rodeada de sus afectos los días de visita en la cárcel de mujeres de Roca, no quiere que la castiguen “por algo que no hice”.No desconoce que las condenas anteriores en Neuquén y su pasado como viuda negra la ponen en un lugar de principal sospechosa y que, por ahora, se encamina a un juzgamiento donde pruebas como las huellas de sus zapatillas pueden ser determinantes.

Ante este marco, la mujer, que nació en Cinco Saltos, planteó varios interrogantes y se preguntó: “Si mi intención fue el robo, “¿por qué no se encontraron mis huellas en los muebles?, ¿por qué no estaba todo revuelto?”

Sobre la vida particular de Eduardo Honores, de 69 años, Méndez conocía que “él prestaba plata”. “A mí, en casi un año, nunca me citaron”, señaló, haciendo hincapié en su sorpresiva detención cuando habían transcurrido más de nueve meses del hecho.

“Me preguntan qué hiciste ese día, y cómo voy a recordar cuando pasó tanto tiempo”, manifestó molesta la mujer detenida.

Sin desconocer su pasado delictivo, Méndez se encargó de resaltar que terminó el secundario cuando estaba presa y “hasta fui abanderada”.

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