ROMA
A Yara, que murió desangrada por las heridas al ser acuchillada de espaldas, debilitada por el frío del invierno, le encontraron en la garganta polvo de cemento. Ese dato contribuyó a confirmar la pista.
Los geranios y las violetas del balcón de la casa de Massimo Giuseppe Bossetti -cuyo doble nombre devela una verdad familiar inconfesable- se han convertido en el emblema del mal, el del vecino bueno que se transforma en ogro.
Las felicitaciones públicas del ministro del Interior, Angelino Alfano y del jefe de gobierno, Matteo Renzi, al comandante general del cuerpo de carabineros, Leonardo Gallitelli, y al director de la Policía, Alessandro Pansa, confirman que se despejaron todas las dudas sobre el caso.
Explicaciones
Paralelamente, expertos, editorialistas y sociólogos intentan explicar las razones por las que un hombre guapo, discreto, sin problemas económicos y ni una deuda, se llevó una noche de invierno a una niña a un potrero, la violó, la apuñaló y la abandonó agonizante.
El caso resuelto, publicado por todos los diarios en primera plana, se resalta al lado del de Carlo Lissi, quien mató a su joven esposa y a sus dos hijas, tras lo cual fue a un bar con sus amigos para disfrutar el triunfo de Italia sobre Inglaterra en el Mundial de Brasil.
“El matrimonio era una jaula”, confesó ante los agentes policiales tras ser arrestado.

