La inflación es tramposa. Tan tramposa que obliga a los ciudadanos a cuidarse de no pisar el palito que inexorablemente terminará pisando por más gambetas que pretenda hacer para zafar de aumentos de precios desmedidos y la mayoría de las veces injustificados. La única verdad es la realidad, decía el General.
La trampa de la inflación es todavía más inoportuna cuando se trata de un servicio básico como la luz. El Municipio bajó 10% las pretensiones de CALF de aumentar la factura de electricidad este verano. Es cierto, es menos que el 50% que pidió la cooperativa, pero no deja de ser un tarifazo, desproporcionado si se lo mide con la evolución de los sueldos, por no decir pérdida del poder adquisitivo de los salarios.
El tarifazo de la luz pegará en los bolsillos de los vecinos en un momento delicado y justo en pleno verano.
CALF tiene una historia muy especial para los neuquinos, porque nació de una necesidad concreta de la ciudad de garantizarse un servicio que nadie quería prestar.
Hoy, la cooperativa es una empresa que se conduce y gestiona con parámetros que ni siquiera pasaron por la cabeza de los aquellos socios fundadores.
El espíritu cooperativo parece haber cambiado también, obligado por las circunstancias.
La discusión acerca del impacto del tarifazo todavía no fue cerrada. Y serán los concejales quienes tendrán la última palabra.
Las razones del incremento están puestas en la inflación. CALF asegura que no podrá garantizar un buen servicio si no mejora su nivel de ingresos para hacer frente a la compra de electricidad en el mercado mayorista.
Resulte lo que resulte, el tarifazo no se podrá esquivar. Y pegará en el peor momento del bolsillo de los vecinos.


