Emmanuel fue un intelectual pero también un hombre de acción, como hubo muchos casos durante el siglo XX. Nacido en Grecia en 1911, una vez recibido en la Universidad de Atenas decidió radicarse en el Congo. Cuando las tropas del Eje ocuparon el territorio griego, volvió como voluntario para integrar las fuerzas de liberación griega; terminada la guerra y, en consecuencia, su experiencia como partisano, volvió al Congo hasta 1957 cuando se radicó en Francia. Se doctoró en La Sorbona y luego fue profesor de economía en la Universidad París VII. Alcanzó renombre mundial en 1969, cuando publicó "El intercambio desigual", que fue traducido al castellano por la editorial Siglo XXI en 1972. Posteriormente, el intercambio de ideas y debate de él con los principales teóricos del imperialismo en ese momento, Charles Bettelheim, Samir Amin y Christian Palloix, fueron reunidos en un volumen publicado por Cuadernos de Pasado y Presente (editado por el recordado José “Pancho” Aricó en la ciudad de Córdoba) bajo el título de "Imperialismo y comercio internacional". Emmanuel falleció en Francia en el año 2001.
El tema central del libro "El intercambio desigual" es el deterioro de los términos del intercambio para los países del tercer mundo, que ya había sido tratado en forma independiente por el argentino Raúl Prebisch y por el alemán Hans Singer, en lo que se conoce como tesis Prebisch-Singer, que dio origen a la teoría de la dependencia  y que partía del distinto comportamiento de la demanda global en los países industrializados y en los no industrializados. Emmanuel cambia el enfoque y lo centraliza en la oferta y los costos. La tesis fundamental de este último libro  (si se me permite resumir en dos párrafos un volumen de casi 500 páginas, acompañado de profusa documentación y estadísticas) es la siguiente:
La división no es entre productos industrializados y producción primaria (como piensan Prebisch y Singer) sino entre países centrales y periféricos (por ejemplo la madera, exportada principalmente por Suecia y Canadá, goza de la mejoría de los términos de intercambio, lo mismo que los productos industriales de Estados Unidos o Europa occidental). Estadísticamente verifica que las tasas de ganancia (una vez eliminada la prima por riesgo) son similares en todo el mundo, debido a la movilidad internacional del capital; en cambio en los salarios, donde no existe el mismo grado de movilidad, las diferencias llegan a ser de 1 a 20 a favor de los países centrales.
Con un modelo simple, expresado en horas de trabajo, se puede explicar las consecuencias de ese fenómeno. Sean dos productos A y B representativos de la producción del país central y periférico, respectivamente, expresados en horas de trabajo (cuadro 1).
El intercambio comercial entre ambos países será 1 a 1. Supongamos ahora que en el país desarrollado los salarios aumentan un 50% .
Lo que entra en contradicción con la tendencia a la igualdad en la tasa de ganancias. El equilibrio se logrará cuando la masa total de ganancias (150) dividido el costo total (650) sea igual en ambos países (un 23% del costo).
Esto implica un deterioro en los términos del intercambio para el país periférico (productor de B): antes cambiaba un producto de su país por uno del país central; ahora debe pagar 1,16 productos por cada unidad recibida (430/370).
En otras palabras, el aumento de sueldo de los países centrales (que dio lugar al “estado de bienestar”) es pagado -al menos en parte- por los países del tercer mundo, vía los términos del intercambio que permiten extraer parte del excedente económico generado en estos. En otras palabras y según Emmanuel, en el mundo contemporáneo la explotación de clases dentro de cada estado fue reemplazada por la explotación del “sur” por parte del “norte”, donde capitalistas y trabajadores se benefician con esa explotación y, por lo tanto, son “socios” en el mantenimiento de esta situación.
La tesis de Emmanuel apareció a principios de los años 70, cuando en el tercer mundo tomaban fuerza los movimientos de liberación nacional; es una de las razones de la amplia difusión de su libro. Sin quitar méritos al mismo, conviene recordar que la idea de la explotación mediante el comercio es anterior. Por ejemplo, Ernesto “Che” Guevara en el discurso del 27 de febrero de 1965, al referirse al comercio entre el tercer mundo y los países del “socialismo real”, ante la Conferencia de los países Afroasiáticos realizada en Argelia, sostuvo que  “[…] no debe hablarse más de desarrollar un comercio de beneficio mutuo basado en los precios que la ley del valor y las relaciones internacionales del intercambio desigual, producto de la ley del valor, imponen a los atrasados […] Si establecemos ese tipo de relación entre dos grupos de naciones, debemos convenir en que los países socialistas son, en cierta medida, cómplices de la explotación imperial”, adelantándose varios años a lo que este libro venía a apoyar teóricamente.
Cabe señalar que se ha estimado que durante el siglo XX la tendencia al deterioro de los términos del intercambio para los países del tercer mundo creció a una tasa del 0,6% anual. A partir del fin de siglo los cambios estructurales del capitalismo central (abandono paulatino de la industrialización para dar lugar a un capitalismo financiero y de servicios acompañado de una deslocalización industrial) así como el crecimiento del producto global y del mercado interno en  los países muy poblados del tercer mundo, como China e India, han generado un cambio en la tendencia secular de los términos de intercambio: mejoran relativamente los precios de las materias primas y alimentos (principales productos de exportación de los países no desarrollados) mientras se abaratan los productos que esos países importan. El cambio, para nosotros (habitantes del tercer mundo) es trascendental.

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