Sería ideal empezar esta columna contando que el Huevo Acuña le dio la victoria a Argentina, que el zapalino fue una de las estrellas de la Selección y que la clasificación al Mundial está más cerca. Pero nada de eso pasó en el debut oficial de Jorge Sampaoli. El DT ratificó los cambios tácticos: la línea de tres, la presión alta y el cuadrado creativo en el centro del campo. Sin embargo, las modificaciones no torcieron la historia en las eliminatorias.
Argentina cayó en la trampa de Uruguay, no encontró respuestas ofensivas, dependió de las genialidades de Messi y sufrió cada vez que el rival quiso atacar. El empate sin goles no cambia la posición en la tabla en una fecha con resultados favorables para salir de la zona de repechaje y quedar un paso más cerca de Rusia.
Sampaoli se decidió por Acuña para ocupar la banda derecha. El Huevo estuvo ordenado en defensa y anuló al Cebolla Rodríguez pero su participación ofensiva fue intrascendente. Incómodo, con el perfil cambiado, terminó saliendo a los 60 minutos.
El juego argentino iba del centro a la izquierda, donde Di María desbordó siempre pero definió mal en todas. ¿Y si ponías a Acuña a la izquierda y a Di María a la derecha, Sampaoli? Esa pregunta queda latente. El DT optó por sacar al neuquino para darle minutos a Lautaro Acosta.
Así siguió apostando a la tenencia, al toqueteo intrascendente lejos del arco (“defenderse con la pelota en campo rival”, dijo el técnico tras el encuentro) e inquietó poco, como si el 0 a 0 fuera un buen resultado. Si lo es se sabrá el martes cuando Argentina reciba a Venezuela y defina su posición en la tabla a dos fechas para el final de la eliminatoria.
Sampaoli cambió jugadores, modificó el esquema táctico y propone una manera de jugar diferente a la de Bauza, pero los resultados no cambian y los miedos de quedar eliminados del Mundial se multiplican.


