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Cómo es vivir al final del mapa donde los coles aún no llegan

En un sector de Valentina Norte Rural, la parada más cercana está a 10 cuadras.

Sofía Sandoval

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Neuquén.- Al final del mapa, la calle Crouzeilles serpentea por la aridez de la barda hasta chocar con la ruta de Circunvalación y recorre un caserío olvidado por todos, entre los arbustos achaparrados y el polvo en suspensión. Allí no llega nada: ni el agua, ni la luz, ni el gas, ni los colectivos. En el barrio no entra nadie.

“Dicen que no vienen porque acá no hay baño”, afirma Iván detrás de unos anteojos oscuros que hacen un intento vano por combatir el sol dañino de una tarde febrero. En ese rincón perdido de la barda podría haber una cabecera de las líneas 12 y 14 de Indalo, pero no hay condiciones para que los choferes descansen.

“Nosotros queremos ir hasta allá”, apunta Claudio, uno de los colectiveros, que se baja del micro con una sonrisa y saluda a uno de los usuarios habituales. No le importan demasiado la pendiente pronunciada, ni las sinuosas curvas que tiene la calle Crouzeilles ahí donde parece haber perdido el nombre ante la falta de carteles indicadores. “Es un problema para la gente que vive al final del barrio, deberíamos llegar un poco más cerca”, asegura desde la última parada del micro.

Iván dice que algunos vecinos caminan hasta diez cuadras para tomar el colectivo, entre el barro de los días de lluvia y el sol que parte la tierra al mediodía. Mauro, otro habitante del sector, asegura que son muchos los chicos que caminan por el barrio antes del amanecer para poder ir a la escuela. “La mayoría va a San Lorenzo o a la EPET 17, que quedan lejos”, aclara y agrega que, para todos ellos, el colectivo es el único recurso.

Esperar el 12 o el 14 es la única alternativa para quienes no pueden comprarse un auto o una moto que, según dicen los vecinos, son la mayoría. Sin embargo, los habitantes del sector destacaron el buen funcionamiento del servicio y aseguraron que las líneas llegan cada 15 o 30 minutos, según el caso, sin registrar retrasos. El único problema es que no pasan cerca de sus casas.

El drama de los habitantes de ese sector de Valentina Norte Rural se desdibuja cuando mencionan otro peor: el de aquellos que viven del otro lado de la ruta, donde Neuquén y Plottier se unen en un límite difuso.

“Nosotros pertenecemos a Neuquén, estamos dentro del plano”, reclama Adriana cuando se baja del colectivo. Aún le queda enfrentarse al sol abrasante del mediodía y caminar unas treinta cuadras hasta llegar a la última casita del sector, a donde el colectivo ni se asoma. “Es esa, la de los arbolitos”, dice sobre su parcela, en la que vive hace seis meses.

Para el esposo de Adriana las cosas son más sencillas. Él se dedica a la cría de animales y usa una chata para trasladar el alimento, por lo que no tiene problemas de movilidad.

Ella, en cambio, trabaja como empleada doméstica en el centro, por lo que debe caminar unos tres kilómetros entre las calles de tierra seca y viajar casi una hora en colectivo para llegar hasta el Parque Central.

“Lo peor es cruzar la ruta, porque a las 9 y a las 12 hay mucho tránsito y los autos pasan rapidísimo”, expresa la mujer, que combate el calor agobiante de la caminata con una gaseosa. La lata helada le enfría las manos sudorosas y el líquido fresco la hidrata para el trecho que todavía le queda. “Es un peligro porque cruzan muchos chicos que usan el cole para ir a la escuela”, asegura.

¿Nadie la lleva a dedo todo el tramo? Ella dice que prefiere no fiarse de los extraños. Sólo conoce a los vecinos del barrio y todos ellos se manejan caminando hasta la parada de colectivos, en una esquina que los mapas llaman Crouzeilles y Chascomús pero que ellos conocen como la cabecera.

El colectivo es el vínculo que tienen con el trabajo, la escuela, las compras, el porvenir. Pero el medio de transporte los deja a mitad de camino y los días de lluvia se aleja más, porque los coches llegan apenas hasta el Hipódromo. Para los vecinos de ese sector, apostar al futuro les exige gastar mucho las suelas.

Nosotros pertenecemos a la ciudad de Neuquén, estamos dentro de los planos”. Adriana. Una de las vecinas que vive en el sector de Valentina Norte Rural

“Ahora el cole llega un poco más cerca, antes era peor. Cuando me atraso me tomo una línea que me deja en Novella”. Iván. Usuario cotidiano del servicio de transporte público

“El problema que tenemos es el agua, hay una canilla comunitaria y las casas que tienen red casi no tienen presión”.Rosa. Ama de casa de Valentina Norte Rural

El drama de la falta de agua potable y de electricidad

En ese sector de Valentina Norte Rural no hay servicios. El zumbido de un generador que abastece a una cigüeña que bombea desde el subsuelo parece burlarse de sus conexiones improvisadas, que son ilegales, precarias y peligrosas.

“Nos dijeron que iba a llegar en diciembre y después en febrero, pero todavía no pasó nada”, señala Adriana, que, a la espera del servicio legal, optó por utilizar velas en lugar de un enganche clandestino. Según explica, las velas se le derriten con rapidez y le insumen un presupuesto que no le hace justicia a la pobre iluminación de su vivienda.

Como no tiene luz, tampoco tiene un medio para refrigerar los alimentos. “Si compro al mediodía para la noche, la carne te queda como vinagre. Hay que llevar un puñadito para ese momento”, aclara.

Aunque la mujer cuenta con una estufa hogar para la calefacción, son muchos los vecinos que recurren a las garrafas, que duran unos cuantos días y exigen largos traslados para el recambio.

Dentro del barrio se distinguen algunas casas con agua de red, pero Rosa, la almacenera del sector, asegura que el servicio suele cortarse por 4 o 5 días sin previo aviso y, en otras ocasiones, llega con escasa presión. Sin embargo, muchos vecinos se esmeran por tener un trocito de pasto o unas rosas floreciendo en la parcela. Para eso, usan el agua de una canilla comunitaria ubicada sobre calle Crouzeilles.

12 Es una de las líneas de colectivos que llega muy cerca.

El otro ramal cuya cabecera está próxima al sector que permanece incomunicado es el 14, perteneciente a Indalo.

30 cuadras deben caminar algunos vecinos.

Son los que viven en el sector más alejado. Esa es la distancia que los separa de la cabecera de algunas de las líneas de ómnibus.

25 minutos es lo que se demora en llegar desde el centro de la ciudad.

No obstante, el tiempo puede variar según el estado del tránsito y a la hora en la cual se realice el trayecto.

35 minutos de espera es el tiempo máximo para abordar un colectivo.

En general, los vecinos dicen que las frecuencias se respetan y no tienen que padecer tantos retrasos como en otras épocas.

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