Comparaciones para ilusionarse

Hace pocos días me enteré y me sorprendí, por una amiga que vive en Suiza desde hace muchos años, de los problemas que tuvo para venir a visitar a sus familiares y amigos a Neuquén, fuera de la época de vacaciones que tienen sus hijos en uno de los tantos sistemas educativos que hay en ese país.

El problema que tuvo esta mujer no fue económico, sino la negativa de las autoridades de la escuela donde concurren los chicos a darle un permiso para que faltaran a clases.

Explicó que fuera de las vacaciones y de los días por enfermedad, los alumnos en Suiza tienen permitido faltar dos veces al año sin ningún justificativo y que en caso de hacerlo, los padres afrontan costosas multas de las que no hay forma de zafar.

El matrimonio concurrió a hablar con las autoridades para explicarles que necesitaban días extra y que el viaje lo venían planeando con mucho tiempo.

En Suiza, de acuerdo con las regiones, conviven unos 20 sistemas educativos en todos los niveles.

Después de analizar el caso, finalmente lo lograron: los chicos faltarían los dos días que están establecidos en el calendario, más los dos que les corresponderían al año siguiente, a modo de excepción.

Es cierto que es difícil hacer una comparación con el sistema educativo neuquino donde los alumnos pierden días de clase por un extenso listado de motivos, que incluye desde medidas de fuerza de los maestros o porteros, problemas de infraestructura de todo tipo hasta cuestiones climáticas.

No quiere decir con esto que si se cumpliera el presentismo en clases y además se solucionaran otros problemas sociales graves que atraviesa el país, pudiéramos llegar a convertirnos en un país del nivel de Suiza. Pero la anécdota de esta amiga no deja de ser una invitación para soñar. O para ilusionarse un poco.

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