El quiroguismo y el MPN añadieron un nuevo capítulo a su tragicomedia de enredos. Esta nueva etapa los muestra parecidos pero con cambios. Era de esperar: en la línea de largada de la carrera electoral lucen con los pies bien hundidos en el fango. El extenso pero veloz periplo del último año devuelve la foto de los enfrentamientos sin fin entre ambos. No les costó encontrar argumentos para las batallas mediáticas. Hay dos motivos que lo explican. Por un lado, la puja por los favores y los mimos de Nación y, claro, la disputa del terreno, la lucha por la capital con el telón de fondo del camino sin retorno a la intendencia que ya transita Horacio Quiroga. Lo que hasta ahora se jugaba en el campo de las declaraciones mediáticas, ahora pasó al de las grabaciones -¿traiciones?- entre diputados (como la de Pablo Bongiovanni a Oscar Smoljan) y de las denuncias judiciales con testigos arrepentidos y todo. Es decir, la puja política se vuelve más encarnizada. El quirogusimo siente que el MPN le quiere infiltrar la interna de la UCR, si ya no lo hizo. Y sostiene que hay 1000 afiliados con los que el partido provincial busca hacerle daño en sus propias narices al intendente.
En el MPN algunos se jactan de que la reacción de Pechi y su entorno fue provocada por la foto que mostró juntos a Gutiérrez, Sapag y Pereyra. Como sea, es claro que los tiempos electorales comienzan a influir, que la política local comienza a dar más enfáticamente esa batalla y que la lucha, ya hay muestras, puede darse sin ningún tipo de reparos y escrúpulos a la hora de medir los daños. Nadie puede esperar que esto se parezca a un club de amigos. Así es la política cuando se tiene que poner las botas de goma para ir por el barro.
La disputa política entre el MPN y Quiroga se vuelve más encarnizada en la previa de un año electoral.


