Con su nueva pileta, Matías volvió a sonreír

Un hombre se la donó tras el incendio que sufrió su familia. Sus padres ya construyen una nueva casa.

Sofía Sandoval
sandovals@lmneuquen.com.ar


Neuquén.- La vida vuelve a sonreírle a Matías. Sus pies descalzos se queman por un momento sobre el piso de cemento alisado, que arde al calor del mediodía. El chico se trepa con agilidad al borde de su nueva pileta de lona, se zambulle y salpica a su abuela, que lo mira con una sonrisa.

Hace menos de una semana, el chico de 10 años escapó a duras penas de un incendio en su casilla de madera del barrio Cordón Colón. Además de todas sus pertenencias, las llamas destruyeron su pileta pelopincho, el premio que le había comprado su mamá, Marlene González, por haber pasado de grado.
Sin embargo, cuando su triste historia fue revelada por LM Neuquén, muchas personas solidarias llamaron a la mujer para ofrecerle ayuda. Entre ellas un taxista, que le arrimó una pileta pelopincho donada por otro hombre.

"Cuando Matías la vio, no lo podía creer; estaba contentísimo y la quería armar enseguida", recuerda Marlene. Sin embargo, el papá de Matías ya había comenzado la construcción de una casita de material que no fuera tan vulnerable a las llamas, y en ese terreno no tenían lugar.

Lucha: Con mucho esfuerzo, los padres de Matías buscan materiales para poder reconstruir su casa.

"Después de que salimos en el diario nos llamó un montón de gente, nos trajeron ropa, una heladera, una cocina, dos colchones y camas", se entusiasma Marlene. Además de expresar su agradecimiento a todos los que ayudaron, la mujer resaltó que lo más importante fue que ninguno de la familia sufrió heridas durante el incendio.

Luego de esa experiencia traumática, a los González les daba miedo quedarse dormidos. La noche posterior al incendio, Marlene tuvo que llevar a su hijo a la salita del barrio porque no paraba de llorar.
Matías recuperó la sonrisa gracias al apoyo de varios neuquinos solidarios y de sus compañeros de clase. El chico tenía que actuar de mimo en la fiesta de fin de año en la Escuela Nº 197, pero su traje se perdió en el incendio. "Aunque no pudo actuar, igual fue a la fiesta y todos los compañeros corrieron a abrazarlo", se emociona Marlene. El presente de los González no es más que lucha. Con ayuda de familiares y amigos, reunieron algunos materiales para reconstruir su casa, con la esperanza de tener un techo cuando lleguen las fiestas. Ella recorre las obras en construcción para buscar sobrantes y juntar lo que todavía le falta: unas bolsas de cemento, algunas chapas para el techo y relleno para el terreno. Para trabajar, Marlene saca fuerzas de la alegría de Matías, que no se cansa de zambullirse en su pileta nueva. "Quiero agradecerles a todos -dice el nene, feliz- en especial al señor que me trajo la pileta".

La solidaridad y el sacrificio traen otra esperanza

El 10 de diciembre se desató el incendio que consumió la precaria vivienda en la que vivía Matías con su familia en el barrio Cordón Colón. Entre las pérdidas se contaba su tesoro: la pileta que le habían regalado sus padres por pasar a séptimo grado.

La noticia tuvo un fuerte impacto social porque el nene estaba desconsolado por haber perdido lo que más quería para este verano. La gente se solidarizó y comenzó a donar materiales y todo tipo de elementos para que la familia reconstruyera su vivienda, pero esta vez de material.

La sorpresa más linda llegó de la mano de un taxista que, al llegar a la casa, le entregó una pileta nueva que había sido donada por una persona que se conmovió al conocer la historia. Hasta que construyan su nueva vivienda, los padres se la armaron en la casa de su abuela. Matías volvió a ser feliz.



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