Dar una mano al que lo necesita es de buen periodista

Trabajadores de prensa se sumaron a la misión solidaria de la Fundación Techo.

Flavio Ramírez

ramirezf@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Los vecinos de bario Los Hornitos, en el oeste de Neuquén, vivieron el último fin de semana una extraña situación: un grupo de periodistas dejó por un rato sus tareas habituales para agarrar palas, serruchos y martillos y ayudar a construir una casa para el vecino Rafael Aravena.

Convocados por la organización Techo, el grupo de voluntarios se dividió en dos equipos, uno para cada jornada de trabajo que se organizó en ese sector de la ciudad.

Las actividades comenzaron la tarde del viernes 24 de junio, cuando cerca de 100 voluntarios se reunieron en el Colegio Don Bosco para coordinar las tareas. Esa noche, cenaron y durmieron en la Escuela 354 de Almafuerte, el campamento elegido.

Cuando los primeros rayos del sol del sábado comenzaron a calentar el barro, llegaron al lote Nicolás Tamborindegui y Hernán Mora Cid. Allí se encontraron con Lucas Giménez, vocero de Techo y encargado de la convocatoria, quien los presentó con Rafael, su hijo José y Daniela Zárate, una voluntaria llegada desde Merlo, en el Gran Buenos Aires.

Nico –como lo conocieron los voluntarios y los vecinos de Rafael- era el famoso del grupo. Lo veían en la tele. Con los primeros mates se convirtió en uno más. “No tuve tratos preferenciales”, comentó después.

El primer desafío fue cavar una decena de pozos para los pilotes sobre los que se levantaría la casilla. “Fue duro”, dijo Hernán. La arcilla complicaba las paladas.

Después hubo que rebajar un montículo y nivelar el terreno con ripio y tierra caliza que cedió un vecino.

Con la base montada, llegó lo más difícil: medir las vigas del piso. Se equivocaron y corrigieron varias veces antes de cortar. Pese a todo, no hubo errores que costaran material. Salvo una tabla que se rompió al serrucharla.

Con el piso listo, el grupo debió esperar a que se les entregara más material. Pasaron el tiempo comiendo tortas fritas y contando anécdotas. Nico y Hernán fueron el centro de atención.

Casi dos horas después, llegó Nati (la capitana) con las tablas y los paneles, y todos volvieron al trabajo.

Por todo el barrio se oía el retumbar de los martillazos sobre la madera. El operativo incluyó la construcción de 21 casillas.

Antes de irse, Nico y Hernán instalaron las vigas del techo.

“Fue una muy buena experiencia. No estamos acostumbrados a este tipo de actividades. Si bien nuestro trabajo tiene su riesgo, no es común que hagamos este tipo de trabajo y nos ensuciemos”, reconoció Nicolás. Cuando los periodistas se fueron, Lucas y Daniela dejaron todo listo para recibir al grupo del día siguiente.

Segunda jornada

Luego de varias vueltas y llamados telefónicos, di con el terreno de Rafael. La primera imagen del lugar fue la de Judith Calmels, movilera de Somos El Valle, quien trepada a una escalera medía la ubicación de los tirantes. Poco tiempo tuve para saludar. Ni bien llegué, me dieron un serrucho y la orden de cortar los tirantes y clavarlos.

Tuvimos un alto mientras esperábamos que llegaran las chapas. Reunidos alrededor del fogón, Lucas cebaba mates y Rafa invitaba a las mujeres a bailar valses y cuecas. Daniela aceptó el convite. Judith se dedicó a filmar. Contradiciendo a los machistas, las dos mujeres bajaron las chapas del camión. En la parrilla, Lucas amasaba tortas fritas.

La vista de las capitanas Agus y Maia fue con reto incluido. Había clavos mal puestos. Una demostración de que los periodistas no estamos para esas labores. Pese a las quejas, dieron el okey para instalar el techo.

Un par de hombres izamos las chapas que, en lo alto, José, Daniela y Judith acomodaban. Rafael se subió para poner los clavos.

Ajenos a nuestro esfuerzo, un grupo de nenes corría detrás de una pelota. Cuando se cansaron, armaron un bowling con botellas de plástico y el fútbol.

La obra se parecía cada vez más a una casa, pero aún faltaba colocar la puerta y las ventanas, tarea que recayó en los periodistas. Destornillador en mano, colocamos las bisagras, las planchas de plástico y los cerrojos.

Oficio: Con más ganas que talento, el trabajo quedó concluido al cabo de dos jornadas.

Para cuando Judith se tuvo que ir, reclamada por su hijo, sólo faltaban los últimos detalles. “Me sentí útil porque nos incluyeron a pesar de no saber nada de la construcción”, contó.

Tras dos días de trabajo, la casilla estuvo terminada. Daniela y Lucas prepararon la inauguración. Cortando una cinta y posando para la cámara, Rafa entró a la que ya era su casa. Estaba decorada con guirnaldas y globos. En una pared había colgada una frase de su boxeador preferido, Muhammad Ali: “Imposible es sólo una palabra que usan los hombres débiles para vivir fácilmente en el mundo que se les dio, sin atreverse a explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible no es un hecho, es una opinión. Imposible no es una declaración, es un reto. Imposible es potencial. Imposible es temporal, imposible no es nada”.

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