Debe estar maldiciendo desde el cielo el recordado Gordo Soriano por perderse este histórico encuentro. Conociendo su fanatismo por San Lorenzo y su amor por Cipolletti, ciudad en la que vivió algunos años que lo marcaron a fuego, sin dudas que si le dieran a elegir un día para volver a este mundo y luego “guardarse para siempre” allá arriba, optaría por este 10 de junio. Y no vaya a ser cosa de que definan por penales... En esa jornada, en principio (el Ciclón se mantiene firme en su postura de postergarlo), tendrían que enfrentarse el Albinegro y el famoso elenco azulgrana por la Copa Argentina. Debe estar acomodando su agenda el gobernador rionegrino, Alberto Weretilneck, hincha de ambos elencos, para poder estar allí en la cancha de Lanús, vaya paradoja, club al que vio aplastar a “su” San Lorenzo en la final del 2016 en el Monumental, en una de las últimas veces que viajó exclusivamente a Buenos Aires a alentar al CASLA. Deben estar alquilando otro salón los Cuervos de Cipo para dentro de ocho días, esta vez no da para ver el partido desde el quincho de La Visera como de costumbre. Debe estar juntado las monedas el pueblo albinegro para trasladar su desbordante ilusión al conurbano bonaerense y copar el sector que le asignen del estadio Granate. Se estima que más de mil corazones cipoleños serán testigos de un evento que revoluciona a la región. Deben creer que no es cierto, ellos, los sufridos y fieles seguidores del Capataz de la Patagonia, esto de jugar en pocos días ante uno de los grandes del país y al toque otra batalla por el gran sueño del ascenso a la B Nacional. Las buenas ya van a venir... Tan cierto como que, a veces, David le gana a Goliat.


