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Desde hace 35 años busca su verdadera identidad

A los 9 supo que con quienes vivía en Junín no eran sus padres.

Pablo Montanaro

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Neuquén.- Cuando muestra su documento de identidad afirma que los nombres que figuran allí no la representan. A los 44 años, María de los Ángeles Medina quiere conocer su verdadera identidad, la que se le ha negado desde que supo que no era hija biológica de los padres con los que convivió hasta los 16.

“A los 9 años, quienes yo creía que eran mis padres me dijeron que no era hija de ellos, que a mí me habían dejado en la casa”, cuenta Marilú, como prefiere que la llamen. Su documento indica que nació el 1 de febrero de 1973 en Alta Cruz, departamento ubicado en el este de Tucumán. Luego, su padre, Héctor Medina, un policía que abandonó la fuerza para incorporarse al Ejército, fue trasladado a Esquel y cuando ella cumplió 3 años se fueron a Junín de los Andes.

Hace unos días llegó a Neuquén y se presentó en el Ministerio Público Federal con el objetivo de tener algún dato que la lleve a dar con sus padres biológicos. “Quiero saber si fui apropiada en forma ilegal”, señala con la esperanza de cubrir ese vacío con el que vive desde hace 35 años.

Cuando tenía 3 años conoció a su hermano Gustavo, nacido en 1970, que hasta ese momento había vivido con sus abuelos. “Lo trajeron desde Tucumán a la casa donde vivíamos en el barrio Militar en Junín de los Andes. Mi mamá (hace comillas con sus dedos) me dijo: ‘Este es tu hermano’. Yo no entendía nada. Nos sacaron una foto, que es la única que tengo”, cuenta con tristeza subrayando la falta de imágenes fotográficas de ella o de su madre con panza. Su otro hermano nació en 1978.

Afirma que la relación con sus padres siempre fue “fría, distante, nunca una caricia, un abrazo”, distinta a la que tenían con sus hijos varones, “había siempre preferencias para ellos”. Esta ausencia de cariño se fue agravando con las constantes agresiones que sufría. “Sufrí violencia psicológica y física por parte de mis padres. Cuando comía me decían que tenía que agradecerles por ese plato de comida. También me pegaban y yo no sabía por qué. El maltrato te va marcando”, precisa Marilú, quien actualmente vive en Buenos Aires con su marido y sus dos hijos, de 16 y 24 años.

Cuando tenía 9 años escuchó la verdad que estalló en sus oídos como una bomba atómica: “Nosotros no somos tus padres. Así que nunca más nos digas papá y mamá, me dijeron”. Además le exigieron que no tuviera contacto con sus hermanos. “No podía compartir nada con ellos, no podía tener amigos, estaba siempre encerrada. Me aislaron totalmente hasta llegaron a no inscribirme en la escuela secundaria sin ninguna explicación”, describe Marilú. Y precisa con orgullo que este año termina el secundario a través del Plan Fines.

A los 16 años, previó a un intento de suicidio con el arma del ex policía, juntó su ropa en un bolso y algo de dinero que le prestó su hermano y se tomó un micro a Buenos Aires. Vivió en pensiones hasta que le alcanzaba la plata, y cuando se le terminaba dormía en la terminal de Retiro. Luego encontró trabajo en una empresa de galletitas y así fue encaminando su vida.

Marilú supone “millones de cosas”, acaso porque “ese hombre fue policía y militar”. Dice que sus hermanos no saben nada, a pesar de que les preguntaron a sus padres. “Yo necesito la verdad, por ahora todo lo que hice fue buscar sobre la nada, y es desesperante. Quiero sacarme ese apellido, no me corresponde. Quiero recuperar mi identidad, es mi derecho, no sé por qué me la siguen ocultado”, manifestó.

“Hoy estoy de pie para seguir luchando y lo voy a lograr. Quiero conocer mi identidad y que ellos, quienes me apropiaron, paguen en la Justicia lo que hicieron conmigo”.“Es como buscar sobre la nada y eso es realmente desesperante. Quiero recuperar mi identidad, es mi derecho, y no sé por qué ellos me la siguen ocultando”.María de los Ángeles Medina

Dos casos que le dieron fuerzas

Cuando en 2015 conoció el caso de Sonia Manzini, quien denunció a su madre, Raquel Briceño, jueza de Paz de Junín de los Andes, actualmente imputada por los delitos de sustracción de menores, supresión de identidad y falsificación de documento público, Marilú tomó más fuerzas para continuar con su búsqueda de identidad. En abril de este año, ese impulso se tornó más fuerte cuando leyó en LM Neuquén la historia de José Gustavo Casal Ulman, quien fue adoptado ilegalmente al nacer por Nelly Ulman y Antonio Casal, quien se desempeñó como jefe de la Unidad Regional de la Policía de Neuquén durante la última dictadura militar. En 2009 José Gustavo halló a su madre biológica y en 2015, a su padre.

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