El comedor del barrio los salva de pasar hambre

En Nueva Esperanza asisten a 120 personas, el triple que en 2015.

Alejandro Olivera / olivera@lmneuquen.com.ar

Los vecinos comienzan a aglutinarse en las puertas del salón de usos múltiples de la comisión vecinal de Colonia Rural Nueva Esperanza a media mañana. A pesar de que aún faltan varias horas para el almuerzo, llevan un recipiente de plástico en mano para retirar una porción de comida para alimentar a sus hijos.

La situación de los vecinos de la meseta, ese territorio inhóspito donde no llegan los servicios públicos y el clima es hostil, es crítica. Unas 120 personas asisten diariamente al comedor comunitario porque no tienen trabajo. La cantidad se triplicó en tres años

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Fernando Pueblas se encuentra sentado en una de las mesas del SUM de la comisión vecinal con la mirada perdida, como si la esperanza de un buen porvenir se hubiera desvanecido recientemente. “Hace cuatro meses que me quedé sin trabajo. Tiré currículos en todos lados, pero la verdad es que no hay laburo”, cuenta a este diario.

A medida que describe la situación que le toca vivir, sus ojos empiezan a ponerse vidriosos. No es para menos, ya que tiene cuatro hijos que alimentar. A sus 39 años, la única salida que encontró es recurrir al comedor para poder darles de comer, y eso le carcome la mente. De lunes a domingo hace changas, pero la paga es baja y no le alcanza.

El comedor del barrio Colonia Rural Nueva Esperanza

5 merenderos funcionan en Colonia Nueva Esperanza

Realizan un trabajo complementario de los dos comedores que existen en la zona. Fundamentalmente, atienden a los chicos de familias que no tienen para comer durante las tardes.

“Mi principal objetivo es conseguir un trabajo en blanco, pero al no encontrar, se me vienen mil cosas a la cabeza. Yo me mantengo en vida por mis hijos, pero si miramos la situación que nos toca vivir, yo no le veo sentido a la vida. Si no tuviera hijos, no estaría acá”, sentencia. Asegura que se mantiene ocupado para evitar contagiarles a sus hijos la angustia que siente cotidianamente.

“Los chicos se quieren comer un yogurt o una fruta. Tratamos de buscarle la vuelta para que se entretengan con un juego. Es lo que podemos darles”, dijo Fernando Pueblas, vecino de nueva esperanza que busca un trabajo

La situación de otros vecinos es similar, pero algunos han encontrado en el Complejo Ambiental Neuquén (CAN) un paliativo para la crisis. “Yo busco latitas en el basural y con eso tratamos de zafar y comprarles unas cositas a los nenes, especialmente ahora que empezaron la escuela. Se sobrevive como una puede”, dice Leonor Martínez, de 25 años.

“Acá hay mucha gente que viene por necesidad. lo que más te duele es que se supone que es una provincia rica, pero solo lo ven los gobernantes”, dijo Alejandro Daniel, desocupado del barrio Colonia nueva esperanza

A su lado se encuentra Alejandro Daniel, un vecino de la cuadra, quien comparte el mismo presente. “Por ahora trabajo en la basura, reciclando materiales y ahí se gana un poco de dinero para el azúcar, la yerba, el pan y, si alcanza, un poco de carne”, manifiesta.

“Lo del comedor es una ayuda grande. lo mejor es que la comida sea para los nenes, nosotros podemos esperar. Tratamos de terminan la casa”, dijo Leonor Martínez, vecina de nueva esperanza que no tiene salario

Ambos indican que, a veces, pasan días sin comer con tal de que la comida alcance para sus hijos.

Pedido de trabajo Fernando Pueblas y Alejandro Daniel piden trabajo para terminar con este mal momento que atraviesan. Fernando tiene experiencia como camionero y maquinista, quienes estén interesados en ayudarlo pueden comunicarse al (299) 156107589. Por su parte, Alejandro hace trabajos de albañilería y mantenimiento de espacios verdes, y su número de teléfono es (299) 154706046.

El comedor del barrio Colonia Rural Nueva Esperanza

Presidente de la vecinal: “La crisis está pegando fuerte”

El presidente de la comisión vecinal del barrio Nueva Esperanza, Ever Urrutia, aseguró que en los últimos tres años se triplicó la concurrencia en el comedor comunitario. “Pobreza hubo siempre, es el barrio más postergado de la ciudad. Lo que no había era hambre”, enfatizó.

El vecinalista contó que a principios de 2016 recibían a unas 45 personas, mientras que en la actualidad asisten unas 120 que diariamente retiran un plato de comida para poder subsistir. En diálogo con LM Neuquén, los trabajadores del comedor confirmaron que cada vez van más personas.

La necesidad de los vecinos se ve reflejada en el comedor, que funciona en el SUM de la comisión, así como en otros seis establecimientos que se dedican a darle de comer a la gente que más lo necesita.

Urrutia denunció que la grave situación empujó a muchos vecinos a revolver la basura en el Complejo Ambiental Neuquén (CAN) en busca de comida.

“Se ha incrementado la cantidad de familias que buscan comida allí, pero también tenemos el problema de que muchos productores están llevando a sus animales para que se alimenten. Está pegando fuerte la crisis”, manifestó.

Destacó la solidaridad de los vecinos que abren sus propios establecimientos en medio de un barrio que crece a pasos agigantados, propiciado por el desarrollo de Vaca Muerta, pero aclaró que no es una responsabilidad exclusiva de la comunidad. “Lo ideal sería que no funcionen comedores. No nos alcanzan las manos para atajar tantos penales”, sostuvo.

En diálogo con este medio, criticó al intendente Horacio Quiroga por cerrar el Centro Integral Municipal a principios de 2016.

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