El partido provincial que gobernó (dictaduras mediante) más de 60 años y protagonizó grandes gestas, está en una etapa de decadencia que hace presumir su desaparición.
En su historia, el Movimiento Popular Neuquino (MPN) ha sido protagonista de grandes gestas. Cuando Don Felipe Sapag inició sus primeros gobiernos, sentó las bases de una tradición política épica que difícilmente será olvidada. Desde entonces los sucesivos gobiernos del MPN erradicaron las escuelas rancho y conformaron un sistema educativo inclusivo que, a contramano de la opinión y del clima de época, lograron extender hasta el nivel universitario con la creación de la Universidad Nacional del Comahue.
Se llevó la tasa de mortalidad infantil —que había sido la más alta del país— a ubicarse entre las más bajas en pocos años, estableciendo un sistema de salud modelo reconocido a nivel internacional.
EL MPN desarrolló industrias claves para la economía provincial, como el turismo y los hidrocarburos, acompañando e impulsando al sector privado con capacitación, infraestructura y políticas de promoción. Es preciso recordar y no olvidar, que la Vaca Muerta de la que todos hablan con esperanza hoy en Argentina, tuvo su nacimiento en el seno de del partido provincial, durante los gobiernos de Jorge Sapag.
A nivel político alzó la bandera del federalismo como pocas provincias en Argentina, dotando al territorio de un sentimiento provincialista único, capaz de frenar el constante avasallamiento de los partidos nacionales, sean peronistas, radicales o del signo que fuere. Pero que, a pesar de las diferencias, supo también aliarse con ellos cuando la defensa de la democracia lo exigió en los momentos más turbulentos de la historia argentina.
MPN: el fin de la máquina electoral invencible en Neuquén
Luego de varias décadas y con la acumulación de logros institucionales y victorias electorales sucesivas, el MPN parecía invencible. Pero la democracia implica recambio y alternancia; de lo contrario se transforma en hegemonía, en monopolio, y los intereses personales y sectoriales se enquistan y, como un tumor, comienzan a crecer a costa del sistema y no con él.
Es por ello que en sus últimos años se desarrollaron inmensas redes clientelares, algunas más sofisticadas que otras, con el único objetivo de obtener más votos, pero utilizando para ello las instituciones públicas y los recursos de la ciudadanía.
Pareciera que el ojo dejó de estar puesto en los objetivos colectivos para enfocarse en los personales. Y de esa forma las deudas empezaron a acumularse. Deudas financieras. Deudas de infraestructura, como rutas, escuelas, puentes y hospitales. Deudas sociales, con falta de oportunidades y desconexión entre el sistema educativo y el productivo. Y, quizás la deuda mas grande, la moral, que hoy vuelve a subir a la escena pública desde el ámbito judicial.
El gobernador Rolando Figueroa insiste en cada oportunidad que tiene, en que los delitos vinculados a los planes sociales no fueron simples maniobras aisladas de funcionarios oportunistas. Según su visión, se trató de una estructura organizada con vocación de continuidad delictiva, un esquema sistemático orquestado desde niveles superiores que podría involucrar actuales diputados en ejercicio, ex funcionarios, ex ministros e incluso escalar más arriba en la cadena de responsabilidades.
Por ello, esta semana Figueroa apeló el fallo judicial de la causa solicitando que se lo encuadre como asociación ilícita y que la justicia investigue libremente, caiga quien caiga.
Del Estado presente a las redes clientelares: planes sociales
En paralelo, los dos ex ministros de Desarrollo Social del MPN, Abel Di Luca y Germán Chiapino, se encuentran en el banquillo de los acusados por la causa por administración fraudulenta de pagos a organizaciones sociales. La investigación central apunta a miles de millones de pesos girados a la Cooperativa Viento Sur, presuntamente sin contraprestación ni capacitación efectiva, y que habrían tenido fines político-clientelares y personales.
Di Luca, también imputado en la causa de los planes sociales, decidió romper un largo silencio declarando en la prensa: “Fueron selectivos otra vez… yo lo que hice fue refrendar ese decreto, que tiene otra firma”, en referencia a la del ex gobernador Omar Gutiérrez.
La frase fue interpretada por muchos como una advertencia dirigida hacia quienes algunos consideran el verdadero poder detrás de las maniobras investigadas, pero que aún no ha sido citado por la justicia.
Por su parte, Germán Chiapino —sucesor de Di Luca— es actualmente presidente de la Seccional Primera del MPN. Aquella casa histórica de acción política desde donde se coordinaban todas las estrategias electorales de la capital, el principal distrito de la provincia. Un puesto que antaño gozaba de enorme relevancia y que era motivo de internas partidarias feroces.
Hoy, en cambio, esa estructura aparece reducida a un gran inmueble con ubicación privilegiada en la capital neuquina, desde donde la actividad partidaria parece sostenerse más en la nostalgia y la resistencia de los militantes más humildes y fieles que en el respaldo de una conducción fuerte. Para subsistir, muchas veces deben recurrir incluso a la venta de comida callejera.
Al mismo tiempo que Figueroa enfrenta y vence al MPN en elecciones abiertas, pide que se investiguen a fondo sus responsabilidades institucionales ante la justicia, en paralelo también incorpora a intendentes y ex funcionarios del propio MPN a su estructura política de cara a las elecciones de 2027.
Aquel MPN que si
El mensaje es que no todo es lo mismo. Figueroa considera que hay una parte del MPN —que aun ostenta 100 mil afiliados— que fue útil a la política y a los intereses provinciales, especialmente en la defensa de los recursos neuquinos frente a los intentos de control desde el poder central, y que aún puede ser aprovechada.
Pero ubicada, esta vez, en un segundo o tercer plano, al interior de un liderazgo superior, y con límites morales claros frente a una sociedad que en el 2023 se cansó de la corrupción y la impunidad de la política.
¿Estamos entonces ante la decadencia definitiva del Movimiento Popular Neuquino o frente a las condiciones de su posible resurgimiento al interior de la Neuquinidad?
Los partidos históricos rara vez desaparecen de un día para el otro. A veces se derrumban por el peso de sus propios errores; otras, logran reinventarse cuando vuelven a conectarse con la sociedad que alguna vez representaron.
El MPN fue durante décadas mucho más que una estructura electoral: fue una identidad política, una forma de entender el federalismo y de defender los intereses neuquinos frente al poder central. Si logra separar esa tradición de los vicios que la degradaron, todavía podría tener un capítulo más en la historia provincial.
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