Desde el domingo, cientos de chicos y jóvenes disfrutan del césped sintético que luce el Club Social y Deportivo Confluencia emplazado en este barrio, quizás el más postergado de esta ciudad y que en los últimos tiempos se convirtió en el centro de hechos delictivos, enfrentamientos a tiros entre bandas y varias muertes.
Este flamante verde -concretado gracias al apoyo de la Municipalidad- fue el sueño perseguido por un grupo de jóvenes que se comprometieron hasta poniendo el cuerpo. Uno de ellos, Ariel Koon, un joven neuquino de 25 años, que en junio de 2013 se enteró del asesinato en el barrio de su amigo Miguel Vilugrón, de 20, y decidió volverse de Córdoba para “jugarse” por el “Conflu” con el objetivo de convertirlo en un espacio de recreación, contención y prevención para chicos y jóvenes.
Ariel tomó la posta del viejo Colonia Confluencia que nació en 1940 y que después de los años 80 reflotó José Curilef con el nombre Hueney Hue (“lugar de amigos” en mapuche), y presidió con esperanza y mucha convicción esa utopía, trabajando sin dinero, administrando miseria y ahora con la posibilidad de crecer “para el bien de los pibes del barrio”, como me confesó alguna vez mientras pateaba las piedritas que cubrían el ahora antiguo predio de tierra de las calles Moquehue y El Manzano.
En el club están convencidos de que el deporte es una herramienta de contención para los chicos de uno de los barrios más problemáticos y postergados de la ciudad.
La imagen representativa del “Conflu” lo dice todo: ese escudo con aire medieval representa la defensa de lo propio, la defensa de ese sueño que se convirtió en realidad.
Ese escudo con aire medieval del “Conflu” representa la defensa de lo propio, la defensa de un sueño.


