Empezaron con un perro y ya repartieron 200 cuchas

Las hacen con cartón y nylon para ayudarlos a soportar el invierno.

Ana Laura Calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
A principios de mayo, cuando Hernán y su esposa armaron la primera cucha para un perrito que dormía en la vereda, no se imaginaban en lo que se metían. Un vecino los vio y les pidió una más para otro pichicho callejero. La noticia se desparramó por las redes sociales y pronto llovieron pedidos de todos los barrios de la ciudad. Hoy llevan casi 200 refugios repartidos y debieron reorganizar sus vidas para dedicarse de lleno a esta cruzada solidaria.

Hernán Troane conoce bien la calle. Desde hace 15 años tiene un puesto de frutos secos en el bulevar de Islas Malvinas y Entre Ríos. Paradójicamente, en su departamento de San Lorenzo Sur no tiene un patio donde armar una cucha, pero se las arregla para cuidar de cinco perritos que rescató del abandono.

Hace unos meses, chusmeando por internet, leyó que se podían hacer cuchas de urgencia, para aguantar las heladas, con cajas de cartón y bolsas de consorcio. La idea le quedó dando vueltas, porque había un perrito muy viejo que dormía en la esquina de su casa y por las noches lo veía pasar frío.

Una mañana, en una verdulería cerca de su puesto, sacaron a la vereda una caja de bananas. Hernán la miró y decidió poner a prueba sus escasos conocimientos en manualidades.

Muchos En total, en Neuquén hay alrededor de 82.000 perros. Uno cada tres personas.

“No fue planeado; empezamos con ese perrito, que le hicimos una cucha grande y, cuando la fuimos a dejar, justo el vecino de enfrente nos vio y nos pidió una, después otro vecino nos pidió otra y no paramos, se hizo una cadena”, recordó.

Cuando llegaron a las primeras 50, se quedaron sin cajas. Entonces publicaron un pedido de ayuda en Facebook. Rápidamente, tres comerciantes se ofrecieron a colaborar y también un sinfín de vecinos solidarios. “Nos han donado colchones y nos han traído cualquier cantidad de cosas, porque hay gente que no se anima a hacerlo pero dan una mano”, comentó.

Ahora, Hernán se las arregla para armar los refugios mientras atiende el puesto. Alcanza a terminar tres en una mañana. Por la tarde, su mujer fabrica uno o dos más. Cuando llega el fin de semana, cargan todo arriba del auto, en el portaequipaje, y salen a repartir.

Las cuchas que desparraman tienen siempre un vecino que se hace cargo. Para avisar si se rompen o si todo va bien. En apenas dos meses, sin esperarlo, Hernán y su mujer tejieron una red de colaboradores que crece cada día.

Hace poco, les pidieron que las lleven desarmadas, para aprender a hacerlas. Ellos se instalaron en la vereda y, entre mate y mate, transmitieron a otros vecinos la técnica que aprendieron con la práctica.

Hoy no pueden creer lo que lograron en tan poco tiempo. Hernán contó que, “según la cuenta, ya repartimos entre 150 y 200 cuchas”. Si le preguntan cómo continúa esto, contesta con voz firme: “Vamos a seguir siempre, hasta agosto que pase el frío y después también; porque ahora que estamos en el baile hay que bailar”.

CIFRA
41.000 perros
Son los que andan sueltos en la ciudad, según el último censo de población canina que hizo el Municipio. La mitad son animales que viven en la calle y el resto tiene un dueño que no se hace cargo.

HISTORIA
Uno ciego y con claustrofobia

De todos los perritos que abrigó Hernán este invierno, hay uno al que recuerda especialmente. Se trata de un pichicho negro que está ciego y con el que debió modificar el diseño de sus cuchas. Es que el animalito, al no poder ver, desarrolló fobia al encierro. El pichicho vive en la calle Nogoyá. Tiene dueños, pero lo dejan siempre en la vereda para que no lo muerdan los otros dos perros que están adentro.

“La cucha se la tuvimos que cambiar porque, como es ciego y era bajita, se subía arriba”, explicó Hernán. Agregó que “tampoco quería entrar porque después hablamos con la dueña y nos dijo que tiene fobia a estar encerrado”.

Preocupado por el animalito, Hernán fabricó una segunda cucha. “Le hicimos una casita con techo a dos aguas, para que no se suba”, contó. Y esa fue la gran solución.

Una cachorrita de regalo que le cambió la vida

NEUQUÉN
Hasta hace cinco años, Hernán era una de esas personas que prefieren vivir sin mascotas. Nunca había cuidado a un perro. Ni de joven en Santa Fe, ni durante las dos décadas que llevaba en Neuquén. Un día, una nena le regaló una cachorrita y le cambió la vida.

“Dyana es la primera y la más malcriada de todos”, contó. Recordó que llegó a su vida en 2011: “Un día habíamos ido al trueque de la cancha de Boca y una nena discapacitada me la dio, estaba regalando cachorritos y me la puso en las manos y me dijo ‘se quiere ir con vos’”. Su primera reacción fue devolverla, porque no tenía lugar en el departamento, pero retrocedió sobre sus pasos y se la llevó.

“Ella cambió todo”, remarcó, y explicó que fue Dyana la que le abrió las puertas a la Colo, la segunda cachorra. “Vivía enfrente y la tenían atada; cuando llovía, la nuestra lloraba para que la soltábamos y se iba, le cortaba la soga y se la traía”, relató. Poco después, cuando los dueños de la vecinita se fueron a Misiones, golpearon la puerta y se la dejaron.

Compañía
Hoy, Hernán y su esposa conviven con cinco pichichos callejeros a quienes cuidan y asisten para que no pasen frío ni hambre. Pero sólo Dyana lo acompaña a trabajar al puesto. “Primero se quedó en casa porque no la podía traer y me comió un futón, así que no la dejé nunca más, ahí entendí”, aclaró el hombre.

Si alguien le hubiera preguntado hace unos años si iba a sacrificar el descanso del domingo para repartir refugios para perros, le hubiera parecido un chiste. Las vueltas que tiene la vida.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído