En Centenario, le ganan a la inflación con el trueque

Luego de muchos años, un grupo de vecinos cambia comida por ropa en la plaza Chos Malal, hoy convertida en una feria.

Adriano Calalesina
adrianoc@lmneuquen.com.ar

Centenario
No estamos ni por asomo en 2001, en plena recesión argentina, donde en las plazas se podía ver a gente cambiando ropa por comida. Sin embargo, desde hace dos meses, la situación en la plaza Chos Malal, en la feria de productores y venta de artículos, ya se puede palpar la vuelta del trueque por el alto nivel de inflación.

El método fue bien usado hace varios años en la ciudad. Incluso había una moneda propia para intercambiar objetos. Pero con el tiempo, la plaza se volvió masiva y el trueque desapareció.

500 son los feriantes que hay en la plaza. Algunos ya empiezan a trocar cosas como en los 90.

Son las 12 del mediodía del sábado y las calles del barrio Sarmiento explotan alrededor de la plaza. Hay más de 2 mil personas que estacionan los autos, ponen las balizas y regresan con bolsas llenas de frutas y verduras. Es que la plaza se convirtió desde hace ya un tiempo en el mercado popular de la ciudad. Los feriantes son diversos: venden hortalizas, ropa nueva, multirrubro, elementos de bazar, comida para llevar y también pan casero.

Desde hace tiempo, la presión por vender y comprar barato se instaló sin límites en el predio. Cada vez hay más gente y más vendedores que buscan hacerle frente a la crisis a través del trueque.

La plaza tiene unos 500 feriantes que están organizados por rubros. La mayoría, como los productores y los que venden elementos nuevos, tiene que pagar el monotributo social para estar en regla. Pero hay gente que sólo concurre a "salvar el día" y ofrece lo poco que tiene: desde ropa usada hasta viejos televisores, por lo que resulta complejo exigir un encuadre legal.

"Vienen vecinos a vender ropa usada, pero los inspectores les exigen el ticket de venta. Eso no se puede hacer, porque nadie tiene un comprobante de algo que compró hace años", explicó Lucela, una de las integrantes de la comisión que administra el lugar.

Baños y mudanza
La plaza ya es un emblema en la ciudad, pero la suciedad que hay luego de cada feria ha irritado a los vecinos de los alrededores.

Como no hay baños, tanto los feriantes como los clientes tienen que pagar hasta 5 pesos para pasar a utilizar los sanitarios de los vecinos que viven frente a la plaza.

"Pedimos al Municipio una nota para que podamos pagarle a alguien por la limpieza y los baños, pero no hemos tenido respuestas", dijo Silvia, otra de las que participa de la movida.

La comuna intimó a los feriantes a mudarse a un predio a varias cuadras de ese sector, pero el lugar aún carece de sombra y, según indicaron, es demasiado chico.

Lo cierto es que la feria crece y ahora, más que nunca, lo hace al calor del trueque, como en el pasado.

Testimonios

"Siempre hubo personas que hacían trueque en estos años, pero en los últimos meses vemos muchas más".
Lucela Feriante que especialmente vende elementos de cocina

"A simple vista de lo que pasa en la economía, la gente se vuelca acá porque las cosas están más baratas, y también al trueque".
Silvia Feriante que vende ropa nueva desde hace años en la plaza

Los feriantes se resisten a mudarse a un nuevo predio

Centenario
El nuevo predio ferial donde iba a mudarse la plaza Chos Malal –feria que funciona los jueves y sábados– es resistido por muchos.

El problema es que el Municipio, en la anterior gestión de gobierno, ya había hecho el predio de 4100 metros cuadrados en la calle Cuba y 25 de Mayo, muy cerca de la Estación Transformadora Centenario del EPEN.

En su momento hubo expectativa por la mudanza, pero en estos meses aún no hay señales de que la iniciativa prospere. Es que, según afirman los feriantes, el nuevo espacio tiene carencia de servicios básicos. "No nos escuchan, directamente nos quieren trasladar. Ellos dicen que van a poner 200 puestos, pero los fuimos a ver y ahí no entran", dijo Silvia, una de las feriantes y organizadora, quien agregó que el espacio se lo impusieron sin consultarles nada. "Nos quieren trasladar a toda costa", se quejó.

Mientras siguen las diferencias, la polémica con los vecinos de los alrededores de la plaza no encuentra una solución y el espacio crece todos los días con la incorporación de vecinos de todas las clases sociales.

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