En el universo de las fiestas neuquinas está la del Piojo

Se llama así por el hombre de pequeño porte que la organiza en Pichi Neuquén. Una guía para lo que se viene a partir de febrero.

Mario Cippitelli
cippitellim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
El motivo es el encuentro, el rescate de la cultura popular, el puente para que las tradiciones perduren. Es juntarse después de una jornada de mucho trabajo, de reencontrarse con paisanos de otros pueblos, de apostar a la fe a través de la religión. Es el abrazo, el baile, el canto.

El universo de estas festividades es tan amplio que los paisanos cuentan algunas que son muy curiosas, como la Fiesta del Piojo, que no hace referencia alguna al popular y molesto insecto sino al apodo que recibe el organizador de este encuentro, un hombre de pequeño porte que vive en la zona del Pichi Neuquén.

Las fiestas populares en Neuquén son muchas. Algunas ya reconocidas en el calendario nacional y provincial; otras, simplemente festividades regionales o familiares y hasta aquellas que tienen como fin la recaudación de unos pesos o la promoción de un lugar.

Valorizadas, tradicionales y también criticadas, las fiestas se realizan en el interior de la provincia. La mayoría, durante la temporada de verano, aprovechando las bondades del clima y tratando de esquivar los meses de frío y nieve.

"Lo que se refleja en cada fiesta es la familia campesina", asegura Héctor Riquelme, un cantor popular nacido en Naunauco, a 40 kilómetros de Chos Malal, que con el tiempo se convirtió en un guardián permanente del patrimonio del norte neuquino. Riquelme aclara que no es un cantante, sino un cantor porque él no aprendió a través del estudio sino de la tradición oral de sus padres y abuelos. Y como buen paisano del norte, es un asiduo animador de las festividades que florecen cuando el verano se hace presente en el calendario.

Fechas La mayoría de las fiestas se realizan en el norte neuquino durante los meses de verano.

"No todas son fiestas populares", dice en tono crítico. "Algunas son sólo para recaudar dinero o para comer un asado", aclara con fastidio. Es que muchas de estas festividades cuentan con el apoyo de los fondos públicos a través de la provincia o los municipios.

Durante casi todo el año, la lista de festejos parece no terminar y hay muchas que prácticamente son desconocidas más allá de las fronteras del pueblo donde se organizan.

Se sabe que están las ya consolidadas, como la Fiesta Nacional del Chivito, la del Asado con Cuero en Aluminé, la de San Sebastián en Las Ovejas, la de los Jardines en La Angostura, la del Arriero en Buta Ranquil o la del Puestero en Junín. Pero hay otras que encierran más tradición, como la del Perrito Chivero, un homenaje a estos animales que desde que apenas nacen son amamantados con leche de chiva para que se adapten al entorno y les quede marcado a fuego su trabajo para acompañar al puestero. Bastan un silbido del chivero y una señal con la mano para que el perro salga corriendo para tal cerro ubicado a tres o cuatro kilómetros y traiga al piño de chivos como se lo ordenó su amo. ¿No se merece una fiesta?

La Fiesta de la Mujer Campesina y el Hombre de Campo debe ser una de las más populares. La que guarda en su esencia los orígenes del trabajo y la cultura de los pioneros y encierra prácticas ancestrales que la modernidad se encargó de borrarla, como la trilla. "El trigo era la base de la alimentación de las familias campesinas. La gente se reunía en una casa y allí hacían la trilla para limpiar los granos. Una cantora daba la apertura del trabajo cantando al lado de la parva de trigo", explica Riquelme.

Las mujeres que cantan, quienes también tienen su fiesta en Varvarco, son las que mantienen viva la tradición a través de la oralidad, aunque hasta hace poco eran las únicas que estaban condiciones de hacerlo, por cierto acento machista que arrastraba la tradición.

"Al hombre que quería cantar le decían marica; la mujer era la única que estaba facultada para hacerlo", explica Riquelme. Hasta que una vez una cantora se enfermó y un hombre se animó a interpretar las tonadas. De a poco y con el tiempo, ese rol dejó de ser exclusivamente femenino y comenzaron a aparecer los cantores populares.

Todas las fiestas que se llevan a cabo en la provincia de Neuquén tienen algo del acervo criollo y siempre hay un objetivo común: el de juntarse con vecinos o familias de otros pueblos para pasar un par de días en compañía de las tradiciones. Cualquier motivo es excusa. Por eso llaman la atención los nombres que tienen algunas festividades como la Fiesta de la Ternera Mamona (Varvarco), la Fiesta de la Enlazada de Yeguas Ariscas (Chihuido Sur), la Fiesta de los Telares (Caviahue) o la de la Mula (en cercanías de Las Ovejas), aunque Riquelme reniega de algunos de estos encuentros.

"¿Dónde se ha visto que maten una mula para comerla?", se pregunta enojado.

Criticados o no, esos encuentros ya están marcados en la agenda de festividades. Los nombres se multiplican: la Fiesta del Reservado (Tratayén), la de los Vecinos (Moquehue), la del Caballo (Loncopué), la de la Taba (Paraje los Chirios) y la de las Montas Especiales (Piedra del Águila).

Y si faltaba algo, hay algunas muy curiosas como la Fiesta del Piojo, que no hace referencia alguna al popular y molesto insecto, sino al apodo que recibe el organizador de este encuentro, un hombre de pequeño porte que vive en la zona del Pichi Neuquén.


FRASES
"Hay demasiadas fiestas que no tienen sentido y se terminan despilfarrando los recursos. Hay que replantearse qué queremos hacer con nuestro patrimonio".
"Chos Malal es como la hermana mayor de todas las localidades. Y después del traslado de la capital a la Confluencia, nunca obtuvo una reparación histórica".
Héctor Riquelme Cantor popular

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