La violencia no ha cesado desde la muerte del "El Mencho", el líder narco. Un grupo armado embistió el ingreso del penal y desató un feroz enfrentamiento.
La violencia vinculada al narcotráfico sigue golpeando con fuerza en México tras la muerte de "El Mencho", el temido líder narco. Un comando armado atacó el penal de Puerto Vallarta y logró facilitar la fuga de 23 internos. El asalto incluyó el choque de un vehículo contra el portón principal y un intenso intercambio de disparos con el personal penitenciario. Un agente murió durante el enfrentamiento.
El episodio se produce en un contexto de alta tensión tras la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del cártel de Jalisco Nueva Generación. Las autoridades estatales y federales desplegaron operativos en la región, y emitieron alertas para intentar recapturar a los evadidos.
La irrupción dejó al descubierto la fragilidad de un sistema penitenciario bajo presión criminal.
Ataque directo y fuga planificada
El secretario de Seguridad Pública del Estado, Juan Pablo Hernández, confirmó que el grupo armado embistió el ingreso del penal con un vehículo y abrió fuego contra las instalaciones. El objetivo era claro: generar las condiciones para que un grupo de reclusos escapara.
Según el informe oficial, el personal de custodia respondió a la agresión. Se produjo un intercambio de disparos dentro y fuera del complejo carcelario. En medio del tiroteo murió un integrante de la Policía Penitenciaria.
El funcionario explicó que los agresores derribaron el portón tras impactarlo con el vehículo. En ese momento lograron ingresar al establecimiento. La situación derivó en escenas de caos. Internos aprovecharon la confusión para huir.
La operación mostró coordinación y conocimiento previo del funcionamiento del penal. Las autoridades investigan si existió apoyo interno o información filtrada.
Tras el ataque, se emitieron alertas a todas las entidades federativas. El objetivo es bloquear rutas de escape y compartir datos de identificación de los 23 prófugos. Las fuerzas de seguridad reforzaron la vigilancia en carreteras y accesos estratégicos.
Descontrol interno y refuerzos demorados
La incursión del comando armado provocó un fuerte desorden dentro del penal. Se registraron riñas entre los reclusos y movimientos descoordinados del personal. El clima de tensión obligó a solicitar apoyo desde la Zona Metropolitana de Guadalajara.
El arribo de refuerzos se complicó por bloqueos viales en distintos puntos del municipio. Esa circunstancia retrasó la llegada de efectivos estatales que debían colaborar en la recuperación del control.
Organismos de derechos humanos intervinieron durante la revisión posterior al ataque. Las autoridades realizaron un pase de lista para determinar el número exacto de internos ausentes. Confirmaron que 23 presos lograron escapar.
Horas más tarde, el secretario de Seguridad aseguró que la situación quedó bajo control. Indicó que la seguridad fue restablecida y que el penal retomó su funcionamiento normal. Sin embargo, el impacto institucional es evidente.
La muerte de un agente y la fuga masiva exponen un escenario de vulnerabilidad en un momento de fuerte presión del crimen organizado. El contexto nacional agrava la preocupación.
Operativos regionales y tensión sostenida
El gobierno estatal solicitó colaboración a estados vecinos. Las fuerzas federales y estatales mantienen patrullajes en los límites de la región. También se realizan peritajes en el portón derribado y en las áreas afectadas por los disparos.
La caída de “El Mencho” alteró el equilibrio interno de organizaciones criminales. Analistas en seguridad señalan que episodios como el ocurrido en Puerto Vallarta pueden formar parte de intentos de reacomodamiento o demostraciones de fuerza.
El penal atacado alberga presos vinculados a distintos delitos, algunos relacionados con estructuras delictivas de alto perfil. Las autoridades no detallaron si los fugados pertenecen a una organización específica.
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