En la Escuela de Música ya no cabe ni un alfiler

Tiene 2600 alumnos y su infraestructura colapsó.

Ana Laura Calducci
calducia@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
La Escuela de Música de Neuquén no es mucho más grande que cualquier secundaria, pero ya superó los 2600 alumnos entre niños, adolescentes y adultos. En los últimos 10 años, la cantidad de estudiantes se duplicó. Para los directivos, ese crecimiento explosivo llegó al techo de lo que puede soportar una institución.

Desde Roca a Zapala y de Barda del Medio a Senillosa, los alumnos viajan muchos kilómetros para aprender una carrera exigente.

La Escuela, primera en su tipo en la Patagonia, arrancó hace medio siglo con apenas 50 alumnos en una casa alquilada. Hoy tiene un edificio de dos plantas con 13 aulas en el corazón neuquino, por donde pasan cientos y cientos de estudiantes desde que amanece hasta la hora de la cena.

Desde Roca a Zapala y de Barda del Medio a Senillosa, los alumnos viajan muchos kilómetros para aprender una carrera que no es universitaria y exige muchas horas de ensayo. Cada año, hay colas de chicos pidiendo ingresar y muchos van a sorteo porque las vacantes no alcanzan.

Para los directivos, esta fuerte demanda tiene varias explicaciones. Una de ellas es la forma de enseñanza. “Acá hay un vínculo muy humano, son varios años con el mismo profe, que en general elige jubilarse acá, y lo burocrático queda más de lado”, explicó Javier Díaz de Quintana, rector del colegio.

Aunque el crecimiento ha sido constante, a partir de 2009 la demanda se disparó. Ese año, la escuela cambió la propuesta académica, con más carreras y nuevos ciclos para adolescentes.

El vicerrector, Claudio Contreras, sostiene que esa renovación dio en la tecla. “Ayudó que no sea como un conservatorio, porque hay una fuerte formación clásica pero también se incorporó lo popular y todos sus instrumentos”, detalló.

Recordó que fue una larga batalla abrir 11 orientaciones terciarias y, en medio de ese proceso, se dieron cuenta de que el edificio quedaba chico. “Empezamos en octubre de 2009 con los primeros años y ahí vimos que, al otro año, ya no entrábamos”, comentó.

Desde entonces, hay estudiantes que cursan en aulas prestadas de la Primaria 125 y la Escuela de Títeres. Hace un mes empezó la ampliación de la escuela, que sumará nueve salones, baños y oficinas. Sin embargo, a esta altura, el problema va más allá de los ladrillos.

Díaz de Quintana explicó que “hay una especie de facilismo de decir que la escuela siga creciendo y no se puede más, porque es como un hospital y los centros de salud, que atienden otras inquietudes, no puede depender todo de una sola institución”.

Contó que la premisa es la inclusión, “por eso todo lo transformamos en aula y hasta damos clases en un baño”, pero no quieren convertir al colegio en un gigante inmanejable. Hoy, cuando organizan una muestra escolar, tienen 10 mil papás y familiares que no caben en ningún auditorio de la ciudad.

La institución, que empezó en 1968 con un puñado de alumnos, alcanzó una nueva etapa. Díaz de Quintana remarcó que hoy no necesitan más aulas: llegó el momento de abrir escuelas. “Neuquén tiene mucha población infantil y juvenil, por eso en la ciudad ya debería haber, como mínimo, una escuela de música en el oeste y otra en el este”, observó.

Pedidos
Una fuerte demanda desde los barrios

Hace poco, los directivos de la Escuela de Música de Neuquén recibieron un curioso pedido del defensor del Pueblo de la ciudad, Ricardo Riva. El funcionario los visitó en representación de referentes de varios barrios neuquinos que reclaman la apertura de talleres para los chicos que viven lejos del centro. Ellos indicaron que acuerdan con el reclamo pero no tienen autoridad para crear nuevos cursos. La decisión depende del Consejo Provincial de Educación.

Sin embargo, Claudio Contreras, el vicerrector, comentó que elevaron la inquietud. “No es tan complicado, porque las primarias que hoy ya están en los barrios son adaptables para que funcione una escuela de música”.

Testimonio
Soñar a lo grande no cuesta nada

Entre clase y clase, los pasillos de la Escuela de Música de Neuquén se llenan de mates y rasgueos de guitarras. Como no hay salón ni patio, los alumnos se apropian de todos los rincones libres. La mayoría son jóvenes. Algunos sueñan con la fama y otros se contentan con una salida laboral en la docencia.

Antonello y Matías son dos estudiantes del pregrado, una previa al primer año del terciario. Ese ciclo es uno de los más numerosos y funciona como una prueba de fuego para los indecisos.

Antonello tiene varios nombres largos y doble apellido, pero todos le dicen “Ale”. Vive en Cipolletti y se decidió por esta escuela “porque me hablaron muy bien”.

Hoy, mientras aprende de partituras y acordes, cursa en paralelo la secundaria a la noche y se siente confiado en que llegará al título. “Yo quiero ser director de orquesta”, indica con voz firme a cualquiera que pregunte, y recuerda que los primeros días del pregrado fueron duros.

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