"En la intimidad, todos se agachan un poquito"

El periodista Santiago O’Donnell, autor de “ArgenLeaks”, cuenta los detalles de los cables que pusieron al desnudo la relación entre políticos y empresarios argentinos con EE.UU.

Por PAULA BISTAGNINO

A principios de 2011, Santiago O’Donnell se tomó un avión con rumbo a Londres para tener un encuentro secreto con el enigmático Julian Assange en Ellingham Hall, un castillo del siglo XVIII. Como en una película de espías, el periodista argentino llegó hasta ahí siguiendo informaciones trianguladas por teléfono y, tras un breve encuentro, el fundador de Wikileaks le entregó un pendrive y le dijo que, una vez en Buenos Aires, recibiría la clave para abrirlo. Tal como se lo dijeron, al regresar a su casa, la clave llegó y O’Donnell se encontró con los 2.510 cables que la embajada de Estados Unidos había escrito sobre encuentros con empresarios, políticos y periodistas locales. Los reportes, sistematizados en “ArgenLeaks. Los cables de Wikileaks sobre la Argentina, de la A a la Z” (Sudamericana), revelan detalles jugosos, divertidos y, en no pocos casos, absurdos, sobre la intimidad de aquellos diálogos, ocurridos entre 2004 y principios de 2010: Eduardo Duhalde diciendo que “ninguno de los Kirchner será un factor en 2011”; Domingo Cavallo anunciando la debacle de la economía Argentina, Amado Boudou manifestando ser “descaradamente pronorteamericano” y prometiendo volver al Fondo Monetario Internacional, los jerarcas de Clarín afirmando que el Gobierno estaba dominado luego del voto “no positivo” y que no se animarían siquiera a presentar la Ley de Medios y Jorge Lanata pidiendo avisos para salvar al diario Crítica. Esos son apenas algunos de los cientos de datos que recorre este libro, que se publicó a fines de agosto y ya va por su segunda edición. También tienen su espacio Julio de Vido, Guillermo Moreno, Joaquín Morales Solá, Mauricio Macri, Héctor Magnetto, y hasta Marcelo Tinelli, entre muchos otros. “Hubo muchos que me llamaron, o me hicieron llamar, preocupados por saber qué había de ellos. Entonces, yo ahí me enteraba de que estaban, los buscaba y escribía sobre ellos. Algunos, por ansiosos, se terminaron vendiendo solos”, se divierte O’Donnell, el único periodista argentino que accedió a los originales de Wikileaks, actual Editor Jefe de la sección El Mundo del diario Página/12 y ex redactor de dos de los más prestigiosos diarios estadounidenses, The Washington Post y Los Angeles Times.
 
Los cables no revelan información que pueda provocar alguna inestabilidad o riesgo. Sin embargo, ha despertado gran interés, ¿cuál es el atractivo?

Lo digo en el libro: los Wikileaks nacieron de un robo y, por lo tanto, están manchados desde el principio, aún cuando los diarios más importantes del mundo los hayan pasado por el tamiz de la respetabilidad. Digo, estamos todos sucios. Yo, que los escribo, y el que los lee. El tema es que todos cruzamos la línea porque queremos saber qué dicen los poderosos cuando nadie los ve y frente a los representantes del país más poderosos del mundo. Porque ahí, en la intimidad, hay menos necesidad de mentir. Yo, en el libro lo único que hago es editar cables con el criterio que me enseñó mi maestra: “No me lo digas, mostrámelo”. Sin el recorte ni el photoshop que suelen hacer los medios.
 
¿Qué cable le resultó más jugoso?
Magnetto. El cable que da cuenta del almuerzo de agasajo que le hace la plana mayor del Grupo Clarín, con Magnetto a la cabeza, a los jerarcas de la embajada yanqui. Todo lo que escribió el encargado de reportar ese encuentro después de tomarse unos vinos con la cúpula de Clarín, es imperdible. La descripción desnuda que hacen de su poder, de su capacidad de marcar la agenda e influir en las decisiones del Gobierno, de cómo están del mismo lado que la embajada y van a promover que la Argentina se decida por la norma ATSC estadounidense para la televisión digital –el Gobierno finalmente elegiría la norma japonesa en 2009-,  y sobre todo cómo explicita la estrecha relación de sus periodistas y ejecutivos con la sede diplomática. A mi juicio, es de lo más jugoso.
 
Hay cables que revelan cómo empresarios importantes van pasando por la embajada a victimizarse y pedir protección frente a un Gobierno que los maltrata. Por ejemplo, la visita del presidente de Cargill Argentina.
Hay un lobby muy fuerte de la embajada para defender a las multinacionales yanquis y, por supuesto, hay un contacto fluido. Pero además, está De Vido, que les da una atención muy personalizada también, las recibe y va a la embajada. Los cables muestran al ministro como muy hábil, porque por un lado es el que impone las políticas de las que se quejan los empresarios pero después se esmera, muchas veces, por responder a sus preocupaciones. Los diplomáticos describen lo irónico de esto, que yo creo que habla bien de De Vido, que les pone límites y a su vez los mantiene contentos. No me parece para nada mal, al contrario.
 
¿Quién lo sorprendió positivamente de los nombrados?
Guillermo Moreno, sin duda. Yo siempre tuve una fascinación por los villanos y me gustó escribir sobre ellos. Así que fue como un regalo encontrar ese reporte de cuando va a la embajada y le discute a un economista neoliberal: tienen el clásico debate sobre la inflación, en el que el neoliberal dice que el gasto público es el responsable de todos los males y Moreno le dice que todo es culpa de la cadena de precios, los valores y las posiciones dominantes. El neoliberal está convencido de que Argentina va a tener que hacer un ajuste, a más tardar, en 2007, porque la economía va a explotar después de las elecciones. Y Moreno le dice que no, que los americanos son más proteccionistas que los argentinos y tiene todo este discurso nacionalista. Me pareció tierno eso. Después, también escriben sobre cuatro empresas norteamericanas que se quejan de Moreno y la famosa anécdota del revólver, pero lo interesante es cómo los diplomáticos norteamericanos escriben estas cositas y, cuando lo tienen a Moreno cara a cara, mirándolo a los ojos, no se animan a decírselo. En cambio, él sí se anima.
 
O sea que los diplomáticos también muestran otra cara en la intimidad. Totalmente. En la intimidad, al final todos se agachan un poquito. Por eso me gustó lo de Moreno, que se la bancó.
 
En los cables se habla poco y mal de Cristina, ¿qué se dice?
El capítulo de Cristina para mí es uno de los más lindos. Y se lo escribí con mucho cariño. Porque, al leer los cables, es evidente que la subestimaron. Tanto allá, los yanquis, como acá, la gente que fue a la embajada a hablar de ella, políticos argentinos, empresarios y periodistas. Más allá de eso, lo que trato de contar en ese capítulo –titulado CFK, que es como los cables se refieren a la Presidenta-, es que si bien hablan muy poco y mal de ella, mucho de eso tiene que ver con que los cables terminan a principios de 2010, o sea que se pierden el resurgimiento del kirchnerismo, con esa racha de los festejos por el matrimonio igualitario, el bicentenario y el funeral de Néstor Kirchner. Creo que la subestimación deja en evidencia que leyeron bastante mal la realidad y no llegaron al repunte de su imagen en la opinión pública.
 
Entre los 2.510 cables, deben haber absurdos. ¿Cuál es el más ridículo?
Me pareció de cuarta, muy bajo, el que habla de que Néstor tenía que ir al baño muy seguido y por eso no podía ir a las ceremonias. Es psicología barata y muy pretenciosa par explicar la alta política. Pero el mayor absurdo de los cables es que se tomen en serio a (Domingo) Cavallo cuando en febrero de 2008 va a la embajada a vaticinar un futuro apocalíptico para la Argentina: que se venía un largo período de “estanflación” y que la única salida posible era un arreglo con el Fondo. Ese es gracioso y los deja en ridículo.
 
En líneas generales, ¿qué se puede decir del lugar que la Argentina ocupa para Estados Unidos a partir de a lectura de estos cables?
Los cables sobre Argentina son apenas el 1 % del total de Wikileaks. Eso ya dice que no es una prioridad. Pero lo que se desprende es que hay mucho circo montado para hacer creer que se llevan mal. Es cierto que hay mucho antiamericanismo en la Argentina y, de hecho, los cables muestran que es el país más anti norteamericano que hay. Pero eso no quita que, a nivel de gobiernos y de estados, las relaciones son muy fluidas.

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