Siempre se puede estar un poco peor en el tan vapuleado fútbol argentino. El arribo de la nueva conducción a la AFA, tras el bochornoso interinato de la Comisión Normalizadora, suponía una brisa de aire fresco y una luz de esperanza en recuperar la seriedad perdida. Pero los deslices y erráticos primeros pasos de Claudio “Chiqui” Tapia y sus secuaces desalientan, en principio, todo atisbo de optimismo. La bajeza y mediocridad expuesta en el manejo de la situación del técnico del combinado nacional constituye una pésima carta de presentación. Primero, el indignante destrato hacia el entrenador saliente de la Selección, Edgardo Bauza, apostando a una perversa y miserable política de desgaste que no rindió frutos. Entonces, pocas horas después de mentirle en la cara a la prensa al señalar que “no se trató el tema del técnico, hoy por hoy dirige con Uruguay”, se decidió echarlo como a un perro y encima con la osadía de pretender “bajarle” la suculenta cifra que le corresponde en concepto de indemnización.
No contentos con eso, fueron a buscar al reemplazante: Jorge Sampaoli, un adiestrador en actividad y con trabajo. Muy valorado por su club actual, el Sevilla, que invirtió una suma importante en él y que lógicamente, satisfecho con la producción del santafesino, se resiste a desprenderse de sus servicios. Otra vez el “Chiqui” Tapia se hace el distraído y desde Europa desmiente lo que todos saben. “No vine a reunirme con Sampaoli, vine a ver a Messi”, sostuvo palabras más, palabras menos ayer desde el Viejo Continente.
Lo cierto es que la nueva conducción de la AFA entró con el Patón izquierdo. Pobre fútbol argentino, la que se viene...
Si la primera impresión es la que cuenta, lo de la nueva conducción de AFA es preocupante. Mal manejo con los DT.


