Por CECILIA SOBERÓN
Si bien parece que la calma volvió a la ciudad después de que se levantara el paro petrolero, tiembla la economía local cada vez que comienzan a llegar los telegramas de despido. En los yacimientos corre como reguero de pólvora la posibilidad de que se caigan muchos puestos laborales y que la estabilidad conseguida se escurra entre las manos.
Tiemblan todos los que viven del petróleo pero no van a un yacimiento, porque se decae el comercio minorista inmediatamente; en cada familia se evalúa el peligro e inmediatamente se deja de comprar ante la posibilidad cercana a quedar sin trabajo.
La industria hidrocarburífera es así, un péndulo que te lleva a la gloria cuando está arriba y que te deja en lo más profundo cuando está abajo. El dinero que llega en los meses de trabajo es muchas veces desaprovechado porque es parte de la idiosincrasia petrolera gastar lo ganado sin considerar futuros inconvenientes.
La defensa de los puestos de trabajo no solamente se resolverá con paros y conciliaciones obligatorias. En este caso será vital la participación de los gobiernos provinciales y municipales, porque son los que dependen de esta actividad económica en Neuquén y muchos los que podrían sufrir inmediatamente las consecuencias de una debacle.
No solamente hay que declamar y exigir públicamente mayores inversiones. Habrá que hacer uso de los contratos vigentes, unirse detrás de un mismo discurso para reclamar que las inversiones en la cuenca neuquina mejoren sustancialmente.
Los tiempos en la industria no son los mismos que en la política. Un proyecto de inversión se lleva adelante luego de numerosos estudios y, una vez puesto en marcha, no se puede detener fácilmente, pero su aprobación tiene la misma complejidad. Pueden pasar muchos meses hasta que en un pozo de perforación se instalan los equipos y se comienza a trabajar.
Según los datos del sindicato de Jerárquicos, en la cuenca hay seis pozos de perforación, lo que implica que la exploración está detenida prácticamente. Y los pozos de perforación son los que más generan mano de obra, tanto directa como indirecta. Tan difícil es la situación que en 2009 se pedía que hubiera diez pozos y ahora hay seis.
Tiembla la economía cutralquense cuando el petróleo lleva su péndulo hacia abajo. Ya soportó una crisis importante hace tres años y es posible que ahora se repita la situación. Pero todavía no es tiempo de pulsar la alarma roja, aunque todos deberán estar atentos.


