Fede Bal fue aclamado por los pibes del oeste

Visitó el merendero de Almafuerte II, al que representa en "Bailando por un sueño".

NEUQUÉN
En una inusual tarde de invierno, el sol alto calentaba la tierra apisonada de La Casita de Don Raúl, un merendero de Almafuerte II a donde acuden más de 80 chicos a tomar una taza de leche. Las rejas precarias del lugar estaban engalanadas para la ocasión: decenas de globos de colores y carteles anunciaban la llegada de Federico Bal, la celebridad que representa la institución en el certamen “Bailando por un sueño”.

Fede Bal dijo que sería difícil volver a ganar el certamen de Marcelo Tinelli, pero prometió intentarlo.

Los chicos correteaban por el lugar, mirando con ansias los globos y la comida dispuesta con esmero en la mesa alargada de La Casita. No se les permitía tocar nada hasta que no llegara la estrella, esa que conocen por televisión y a quien le dibujaron cientos de carteles durante toda la semana.

Demorado
“¿Cuándo llega?, ¿viene solo o con la chica?”, le preguntaba a la coordinadora, Gabriela Peralta, una nena con el rostro pintado con témpera. Las horas pasaban y la ansiedad crecía, mientras el sol de la tarde se escondía por el borde del barrio que es, al mismo tiempo, el borde de Neuquén.

Fede llegó en una inmensa camioneta RAM, sosteniendo por afuera de la ventanilla una cámara deportiva con la que registraba los gritos agudos de las adolescentes y las miradas curiosas de los niños, que se acercaban a saludar. Un poco más allá, y procurando quedarse en segundo plano, bajó Flor de la V, la actriz que acompaña a Fede en la obra que presentaron en la ciudad.

A duras penas, el joven trataba de avanzar hacia La Casita, mientras decenas de manos se alargaban para tocarlo y sacarle fotos. Fede posaba para las selfies con su rostro pecoso y sus dientes perfectos, mientras le hablaba a su propia cámara para contar todo lo que sucedía.

Una vez adentro, aseguró que era muy difícil ganar el premio dos veces seguidas, pero que haría todo lo posible para ayudar desde su lugar. “A uno le dan un sueño y no sabe de qué se trata, pero venir y ver el cariño de la gente te llena de energía”, aseguró y confió que la simple exposición ya acerca donaciones. “Por eso me preocupo tanto por filmar y difundirlo en mis redes, para que más gente se sume a ayudar”, aclaró el actor para justificar su continua filmación.

La historia
Un espacio que también tiene su sueño

La Casita de Don Raúl fue construida hace 6 años por los Veteranos de Malvinas para un abuelo que vivía en un toldo. Como al anciano le entregaron un televisor, muchos chicos del barrio se acercaban todos los días a la casa a mirar tele y tomar la merienda que el hombre les preparaba.

Cuando murió Raúl, Gabriela Peralta se hizo cargo del espacio y los ocho niños iniciales se transformaron en más de 80, de entre 2 y 14 años. Ahora buscan la ayuda económica de “Bailando por un sueño” para ampliar el salón, cerrar el predio y ofrecer, además de la merienda, al menos una comida diaria para los chicos del barrio.

Según relató Peralta, la exposición que tuvo el merendero gracias al programa ya provocó la llegada de algunas donaciones. Entre ellas, recibieron 86 pares de zapatillas nuevas.

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