¿Habrá un efecto Brasil?

La primera visita de Mauricio Macri luego de ganar las presidenciales del año pasado fue a Brasilia.

La primera visita de Mauricio Macri luego de ganar las presidenciales del año pasado fue a Brasilia. Su colega Dilma Rousseff no estaba peor que ahora: el fantasma del impeachment (juicio político) para desalojarla del poder por corrupción la acorralaba en su despacho ya por aquellos días. El líder de Cambiemos pudo comprobar, de primera mano, que las relaciones con Brasil serían complicadísimas e imprevisibles.

Antes de seguir viaje por tierras brasileñas, Macri fue a San Pablo, el corazón del poder financiero e industrial de Brasil. La influyente Federación de Industrias -una de las centrales fabriles más opositoras a las políticas de Dilma- lo condecoró con la Orden del Mérito, al tiempo que se frotaban las manos porque, independientemente de la suerte de la presidenta, los negocios con Argentina podrían ser algo más prósperos que en épocas de Cristina.

La Casa Rosada mira la crisis de Brasil con más pragmatismo que drama. Creen que pronto algo cambiará.

Más allá del tal vez precipitado diagnóstico de la canciller Susana Malcorra ("si Brasil estornuda, nosotros tenemos neumonía"), lo cierto es que la Casa Rosada calibra las horas por venir en el país vecino con más pragmatismo que diplomacia.

La presunción de Cambiemos es que tarde o temprano la derecha volverá a gobernar en Brasil, sea cual fuere el derrotero en los tribunales de Dilma y de su padrino político, Lula Da Silva.

Es que razones no faltan: Néstor y Lula, cuando coincidieron en sus presidencias, tuvieron más afinidades políticas que un intercambio comercial fluido, lo mismo sucedió entre Cristina y Dilma. En ambos casos, las relaciones pasaron más por la primacía de los negocios que por las afinidades ideológicas. Sin embargo, ahora soplan vientos diferentes tanto aquí como en Brasil.

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