Por un lado, hay una suerte de guerra fría. Y por el otro, es -parece mentira- el paso inicial de la campaña para el 2019. Ambas instancias tienen como protagonista a un grupo de intendentes. A todos los une una suerte de operativo clamor: que Omar Gutiérrez vaya por la reelección en el 2019. Como suele ocurrir en estos casos, el detrás de escena es lo más interesante. Nada en este pedido público, al que ayer se sumó Darío Díaz (Añelo), se explicaría sin el distanciamiento entre el gobernador y el vice, Rolando Figueroa, quien públicamente disimula (mal) que él quisiera el sillón de la Casa de Gobierno.
Nadie en el entorno de Gutiérrez dirá oficialmente si tiene o no intenciones de repetir un mandato. Menos que menos él. Pero no hace falta. Se mueve como si quisiera. Y por otra parte, son los intendentes afines los que se encargan de reclamarlo. Como están las cosas, ese pronunciamiento tiene una lectura más rica hacia dentro del MPN que para el electorado extrapartidario. Los jefes comunales hablan luego de que Figueroa se haya mostrado reiteradamente con un factor de poder dentro y fuera del partido, el senador Guillermo Pereyra, un crítico del sector azul (Sapag-Gutiérrez) luego de las derrotas electorales. El gesto del vice fue interpretado como una medida de sus aspiraciones, pese a que su entorno desmiente cualquier posibilidad de ruptura. La réplica de los intendentes explicita el juego completo pero también sube la apuesta. Son los coletazos de la derrota electoral y su combo de culpas, responsabilidades y oportunidades. Es de esas historias de final incierto. Dos años son una eternidad, como lo fueron un par de meses de este año cruzado por las elecciones.
Un grupo de intendentes pide que el gobernador se postule otra vez en el 2019. El MPN acelera sus tiempos.


