La madera, el alma de los juguetes que no pasan de moda

Dos emprendedores neuquinos desafían con sus creaciones al plástico y a los soportes electrónicos.

Georgina Gonzales
gonzalesg@lmneuquen.com.ar

Neuquén
Detrás de la puerta de vidrio pintado están ellos. Los piratas, hadas, payasos, vacas y chanchitos, personajes del mundo de fantasías que habitan el taller de Agustina y Esteban, dos jóvenes neuquinos que eligieron la madera como la base de los juguetes que fabrican a puro detalle.

La historia comenzó hace seis años. A ellos siempre les gustó la idea de tener algo propio, de utilizar sus manos en el trabajo y de ser creativos.

La primera prueba fue fabricar muebles para chicos, pero se encontraron con el escollo del espacio, ya que la producción les requería mucho lugar.

Entonces, una vez dedicados a los pequeños, pensaron en la opción de construir juguetes de madera. Los primeros los hicieron totalmente a mano, Agustina Malter (29) recordó que quedaban llenos de aserrín de tanto usar la lija.

Llegan las máquinas
De a poco la fábrica comenzó a crecer y las máquinas se sumaron al taller, que actualmente es tan prolijo como sus productos y sus dueños.

Elegir el nombre del emprendimiento les demandó varios días, hasta que se les ocurrió Tuki. Cuando se lo contaron a la mamá de Esteban Siciliano (30) les dijo: “Me encanta, es re pipí cucú”. Y en ese instante, una mirada cómplice entre los creadores dejó en el olvido la primera idea y definió el nombre de la nueva marca de juguetes neuquinos: Pipikuku.

Atractivos
Aunque corran tiempos donde para muchos niños la realidad pasa a través de una pantalla de computadora o de celular, estos juguetes buscan conquistarlos desde los colores, proponerles un juego en familia donde la imaginación es lo más divertido.

En las acomodadas repisas del taller duermen esperando a sus futuros dueños los rompecabezas, teatros temáticos, juegos de la memoria y de encastre. Todos están perfectamente cortados y empaquetados.

La creación de los personajes empieza casi siempre con un papel y un lápiz, de la mano de Esteban. Luego Agustina es la encargada de sumarle los detalles. Por ejemplo, a esa simpática niña que dibujó su pareja le agregó collares y pulseras para convertirla en princesa.

El diseño
El boceto es escaneado y, una vez en la computadora, los programas de diseño son los que los ayudan a darles vida a sus dibujos a través de los colores.

Luego es todo muy mecánico. Por un lado, envían a imprimir las láminas con los dibujos. Una vez de vuelta en el taller las plastifican con una máquina laminadora, utilizan otra para cortar el fibrofácil y también cuentan con lijadoras y caladoras para alcanzar un producto final prolijo y bello.

Cuando los juguetes están listos, Agustina y Esteban pueden descansar y recién ahí empezar a pensar nuevas ideas para sorprender a los niños con otras aventuras, todas relacionadas con el juego.

Expansión
El negocio crece

Pipikuku vende de manera mayorista a jugueterías de Neuquén, Plottier, Bahía Blanca, Buenos Aires, San Juan, Tucumán, Mendoza, Santa Fe, Entre Ríos, Tierra del Fuego, Misiones y Córdoba. Y buscan vender a precios accesibles.

Creación
La diferencia está en los materiales

A la hora de jugar de los niños, darle pelea a la tecnología es una batalla difícil tanto para padres como para los creadores de juguetes. Volver a las raíces con productos de materiales nobles, como la madera o la tela, deja más espacio para que los chicos desarrollen su imaginación.

“Un juguete de plástico no te transmite lo mismo que uno de madera. La madera tiene otra calidez, te da otra sensación, tiene peso y brinda muchas más posibilidades”, consideró Agustina Malter, una de las realizadoras de Pipikuku.

La joven emprendedora destacó el material con el que realizan sus productos y explicó que detrás de, por ejemplo, el juego de la memoria, los chicos pueden intervenirlos con sus propios personajes, que si se rompen pueden lijarlos y arreglarlos.

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