La obsesión por el deporte es tan mala como el sedentarismo
Hace tiempo que proliferan los gimnasios, los maratones, los corredores, ciclistas, patinadores... Pero no todos entienden que la clave del “éxito” está en saber dosificar el ejercicio físico: matarse en el gimnasio con ayuda de anabólicos perjudica, entre otros órganos, el hígado, y correr una maratón en una edad avanzada afecta directamente a los huesos.
Cuando el deporte se vuelve un peligro más que un aliado, nos podemos encontrar, por ejemplo, con una vigorexia: trastorno asociado a la adicción al ejercicio físico y a su práctica de forma compulsiva, de manera que las personas que lo sufren, además de ser más propensos a lesionarse, tienen una visión distorsionada de su cuerpo y suelen tener una baja autoestima.
El deporte debe estar acompañado de una alimentación equilibrada y saludable, dado que no se trata de perder calorías por un lado para ingerir grasas, azúcares o alimentos procesados por el otro, porque las malas prácticas alimentarias acaban en alteraciones metabólicas y hormonales.
También es un problema cuando una persona se centra sólo en el beneficio estético y va al gimnasio con la intención de querer ser flaco o para usar una determinada talla o estar musculoso, buscando un modelo corporal basado en una estética determinada. Estaría cometiendo el grave error de compararse con otra persona y sentirse mal.
“Hay que asumir que cada cuerpo es diferente, con una estructura ósea, músculos y un metabolismo determinado, no hacerlo puede generar un trastorno llamado dismorfofobia, que lleva a obsesionarse por defectos que percibimos en nuestra imagen, ya sean reales o imaginados”, analiza Marisa Navarro, especialista en depresión, trastornos del sueño e hipnosis clínica.
Realizar ejercicio, por poco que sea, es bueno para la salud y no hace falta ser deportista de elite para notar sus beneficios. Pero no realizar un deporte acorde con nuestras capacidades o fijarnos entrenamientos o metas muy altas hace que tengamos más posibilidades de fracasar, lastimarnos o abandonar, sin ser capaces de generar este hábito tan saludable, lo que en consecuencia afecta a nuestro estado de ánimo y autoestima.
Lo aconsejable es cambiar el punto de vista y ver el deporte como salud, no como competición, pensando que en cada momento, edad o circunstancia podremos realizar un tipo de ejercicio que es el que mejor nos va a sentar. El deporte practicado de manera racional, en la dosis y edades indicadas, ayuda a liberar esas pequeñas pero potentes cadenas proteicas llamadas endorfinas, que nos ayudan a relajarnos y a sentirnos felices. También es un buen aliado contra la obesidad, la ansiedad y el estrés, ayuda para combatir enfermedades, como la diabetes o ACV, y a frenar el envejecimiento del cerebro y de todo el organismo.
Trastornos
¿Qué son la vigorexia y la dismorfofobia?
La vigorexia es practicar compulsivamente un deporte, lo que pone en riesgo el físico y, además, hace que el que la sufre tenga una visión distorsionada de su cuerpo y baja autoestima. La dismorfofobia es la obsesión por defectos que percibimos de nuestra imagen, sean reales o imaginados.
Te puede interesar...









