El triunfo de Cambiemos en la provincia y la cercanía del gobernador Omar Gutiérrez a la agenda que les propone el presidente Mauricio Macri a las provincias han desorientado a la oposición, que a pesar de obtener un caudal de votos sigue fragmentada y sin poder tener un peso fuerte en Neuquén. La idea de la polarización en la provincia fue difusa. Unidad Ciudadana, la fuerza kirchnerista con el apoyo del PJ, no fue ni por asomo el rival del macrismo. Al menos no en términos de votos. Más bien, la oposición quedó con nichos bien separados, que será difícil que algún día se comuniquen. Ramón Rioseco, quien fue rotulado como “el gran perdedor” (no entró como diputado), cosechó 69.937 votos. Los que están dentro de los círculos de analistas aseguran que tiene votos propios. El electorado se compone de un kircherismo fuera de la estructura del Partido Justicialista, más las adhesiones vocacionales de quienes viven en Cutral Co y Plaza Huincul, la zona más fuerte de Rioseco. Darío Martínez, en cambio, tuvo la suerte de ser reelegido como legislador nacional. Sin embargo, tiene dos dilemas: cómo conducir a un partido en el que no todos los peronistas hoy le dan la derecha al kirchnerismo y cómo generar un partido con vocación de poder, sin tener al MPN como una sombra. Entre Rioseco y Martínez sacaron 143.247 votos, el 35% del electorado. Si bien es un número que puede colocarlos en una coalición ganadora, se sabe que esos experimentos ya fallaron. No hay química entre sus dirigentes, no se bancan, y ese estado de euforia se lo trasladan a sus militantes. Así las cosas, la oposición sigue desorientada y sin agenda más que la de proferir los lamentos, sin una estrategia política a futuro.
El triunfo de Macri y la adhesión del MPN a la agenda nacional hicieron que los opositores no hallen salida.


