Los merenderos reflejan la peor cara de la crisis

Los responsables cuentan que la demanda va en alza.

POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar

Los comedores y merenderos de la ciudad están desbordados de chicos y familias que buscan un plato de comida, una copa de leche o una bolsa con alimentos no perecederos para tener algo que comer el fin de semana, cuando la asistencia colectiva se toma franco.

Flor Pinilla llega a las 8 al comedor Rincón de Colores, en Cuenca XV, para preparar 490 porciones de comida que entregará a más de 140 familias. “Voy a preparar una sopa”, aclara la mujer, que hace catorce años sostiene este comedor junto a ocho cocineras. “Empecé hace catorce años a darles de comer a 20 chicos que vivían en el barrio y que en su mayoría eran amigos de nuestros hijos. Actualmente, asistimos a unas 200 familias por día. La cosa está cada vez más difícil”, explica.

Agrega que para la noche prepara 240 porciones para 50 familias. “En total, entre el mediodía y la noche, asistimos a unas 200 familias no sólo de Cuenca XV sino también de barrios cercanos”, relata.

La falta de trabajo, el proceso inflacionario y los aumentos tarifarios continúan golpeando fuertemente a determinados sectores económicos. Flor es una fiel testigo: “En los últimos tres meses se sumaron 20 familias por día a las que buscan un plato de comida. Mucha gente que antes tenía un trabajo ahora no lo tiene, o mujeres que no pueden salir a trabajar porque tienen chicos, entonces no les queda otra que venir al comedor. Una termina haciendo de psicóloga escuchando los problemas de estas familias”.

A pesar de que a las 5 de la tarde Silvia Barrientos abre el merendero Luz de Esperanza, en pleno barrio Confluencia, dos horas antes cuatro o cinco chicos esperan ansiosos en la puerta. Hace tres años, Silvia inauguró este merendero en Pomona y Tronador, donde diariamente asiste a 70 chicos de todas las edades, aunque en los últimos meses se han sumado padres y abuelos como también gente que viene de otras provincias a buscar trabajo y no consigue. “Ahora también vienen los papás o los abuelos a buscar la leche, se las entrego en una botella”, cuenta.

No bien salen del colegio, los chicos van directo al merendero. “Llegan con el guardapolvo puesto y la mochila”, cuenta la mujer de 49 años, que trabajó en varios hogares de menores. “En la infancia pasé por muchas necesidades y no tuve un merendero donde acudir, por eso me gusta ayudar a los chicos y a los adultos”, recuerda.

Los responsables de los merenderos consultados piensan ampliar el cupo diario.

Asegura que todos los días llegan familias nuevas hasta el merendero, por lo que los viernes a la noche brinda un plato de comida. “Si me sobra comida de las donaciones que recibo, armo bolsas para que estas familias tengan algo para comer el fin de semana”, explica.

Muchas veces Silvia ayuda a estas familias. “Me cuentan que no tienen una garrafa o que la lluvia les mojó el colchón”, lamenta.

Belén Valdez junto a sus voluntarias no dejan de brindar la merienda a más de 50 chicos (35 más que hace un año). El merendero funciona en la casa de Belén, en toma El Tanque del barrio Parque Industrial, mientras se construye un edificio.

El aumento de concurrentes a los comedores y merenderos responde, principalmente, a la crisis económica y a “que no se da la copa de leche en muchas escuelas”, acota una de las cuatro voluntarias que sostienen el lugar. Comerciantes, empresarios y amigos colaboran con los alimentos.

Esperan poder servir el almuerzo a los chicos cuando esté terminado el edificio del comedor. “No sólo queremos solucionarles el tema de la comida, sino también ofrecer distintos talleres para enseñarles a hacer cosas y que no se la pasen en la calle”, aseguran las voluntarias.

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