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La Mañana

Mucho ruido y muchas nueces

Del ágora a los comments. De la maldición de la ostrakon al block. De los señores en toga a los trolls. Es casi imposible pensar hoy la vida social masiva sin la tribuna accesible que brinda la interacción en plataformas online, en las cuales tienen platea vip los comentaristas de noticias de los diarios digitales. Con la diferencia de que lo que antes se dirimía cara a cara en los míticos escenarios griegos ahora se resuelve tras un teclado febril.

En el vademécum de los comentaristas hay de todo, como en botica: están los que corrigen un error o aportan un dato valioso que completa una nota, los que derivan en la ampliación de un tema si el periodista sabe tirar de la punta del ovillo, los indignados que reaccionan contra funcionarios aludidos en un artículo, los que se pelean entre ellos por el significado de una palabra, un punto o una coma... Sumados, pueden triplicar el tiempo de lectura de cualquier nota. Los sitios web -sean de noticias o de servicios- han surfeado la ola de los comentaristas con suerte dispar y sin llegar a una conclusión definitiva. Abundan ejemplos de pragmáticos que tomaron la posta de la interacción y hasta se animan a citar como fuente a un comentarista, y quienes optaron por excluir el punto de vista de los lectores. Asoman como parte del intríngulis los protagonistas de los artículos, que suelen ser blanco fácil de la opinión precoz o del halago sin medias tintas. Y le queda al lector, por fin, aplicar su propia sapiencia a la hora de tener en cuenta o descartar lo que prodigan los lectores que no se quedan en tales y pasan a ser participantes de la noticia. Pero algo es seguro: son pocos los Buda que permanecen indiferentes y contemplativos ante un comentario online. Mostradme a un indiferente a un comment y te mostraré a un mentiroso.

Son pocos los que pueden sentarse como un Buda y ser indiferentes a los foristas de la red de redes.