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Cándido López, el soldado argentino que perdió una mano y expone sus obras en el MNBA

Las obras del pintor que perdió la mano en la guerra que pueden verse en el MNBA de Neuquén.

La historia argentina guarda entre sus páginas más heroicas, un anecdotario de hechos trascendentales, llevados a cabo por personajes, que parecieron destacarse desde un segundo plano, en los momentos más decisivos del fragor de los acontecimientos históricos.

¿Cuál sería por ejemplo el lugar que tendría en mitad de una batalla, la acción de un soldado herido, qué sobreponiéndose a todas las limitaciones de la pérdida de un brazo, pasó a la posteridad como uno de los más prolíficos y detallistas cronistas pictóricos, y gracias a quién, hoy conocemos detalles fundamentales, de las guerras, que conformaron nuestra historia como país?

Cándido López nació en Buenos Aires un frío invierno de agosto de 1840, desde niño se mostró interesado por las bellas artes encontrando en Baldassare Verazzi y en Carlos Descalzi a sus primeros maestros, quienes lo llevan a incursionar primero en el retrato y poco después, en la pintura religiosa. Los retratistas por aquel entonces tenían un rol social destacado, debido a que eran quienes inmortalizaban con sus trazos, las figuras de las personalidades de la época. Precisamente uno de sus primeros logros, fue un retrato del General Bartolomé Mitre que aún se conserva.

La fotografía no existía como tal y los retratos eran los únicos recursos a los que se aferraban quienes estaban largos años sin ver a sus seres queridos, cuando, por ejemplo, partían a la guerra y ser reconocidos con el paso del tiempo. Si llegaban a morir en batalla, el retrato era todo lo que les quedaba, como imagen del ser querido. Cándido López, motivado siempre por las disciplinas gráficas, se inicia en el también en el arte del daguerrotipo, un antecedente artesanal de los albores de la fotografía, que pareció desde un primer momento, disputarle su lugar de honor a la pintura.

Con motivo de perfeccionar su estilo y técnica, López viaja a la localidad bonaerense de San Nicolás de los Arroyos, en la que se encuentra con su maestro de pintura Ignacio Manzoni y con el estallido de la Guerra del Paraguay se enrola como Teniente Segundo para marchar hacia el norte.

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En un desgraciado episodio pierde parte del brazo derecho debido al estallido de una granada y tuvo que abandonar su puesto en las líneas del frente. Sin embargo, y a pesar de haber sido asignado al Batallón de Lisiados, logra sobreponerse a las vicisitudes y empieza a trabajar en una serie de pinturas de tipo panorámico, que hoy podríamos considerar como cinematográficas, y que son conocidas como la serie de pinturas de “La Batalla de Curupaytí”.

En la Guerra de “La Triple Alianza”, nuestro país enfrento al Paraguay en coalición junto a Uruguay y al entonces Imperio de Brasil. Dentro de un conflicto en el que primaron los intereses económicos del Imperio Británico, que operaba detrás de las sombras y cuya participación, se interpreta históricamente como un complot vergonzante de las nacientes y más poderosas naciones de América del Sur, valiéndole mejor el nombre de “La Triple Traición”.

Curupaytí (que significa “curva cerrada” en lengua guaraní) fue el nombre de un fuerte ubicado a pocos kilómetros de la localidad paraguaya de Humaitá en cuyo territorio y alrededores tuvieron lugar las acciones bélicas, que dieron nombre a la épica batalla y a la serie de pinturas, realizadas posteriormente por el pintor Cándido López, que por entonces tenía 26 años de edad.

Apostado en lugares estratégicos, al uso de los actuales cronistas de guerra, López tomaba prolijos apuntes en sus libretas, llenándolas de datos y registrando en apurados trazos, el dramático devenir de las batallas, los detalles de los uniformes de las tropas y las estrategias de despliegue militar.

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Años más tarde y mucho tiempo después de haber terminado la Guerra, en la que fue derrotado el Paraguay (y al entender de renombrados historiadores el futuro de la región como potencias independientes), Cándido López en su retiro, forma una numerosa familia compuesta por 12 hijos y ya establecido en Buenos Aires, toma como fuente directa sus apuntes de guerra para crear las célebres pinturas en las que inmortalizó las históricas batallas.

Aquellos apuntes tomados en forma apresurada por su mano izquierda, con el dolor físico y moral que significaba para un artista la pérdida de su mano hábil. Las anotaciones se convirtieron en escenas que por momentos parecen cobrar vida y expresan con crudeza, la que se considera la peor derrota del ejército argentino.

La batalla de Curupaytí es recordada como un baño de sangre y barro que significó cuantiosas pérdidas en todos los frentes. Allí las estrategias de inspiración europea planteadas por el Genera Mitre fracasaron rotundamente ante las fuerzas del General paraguayo Solano López.

“Los coroneles Arredondo y Rivas volvían exhaustos. Rivas con una grave herida en la mano, le retruca a un médico que sugiere rápida amputación: 'Qué importa un brazo si es por la Patria'".

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Entre los muertos, varios de los hijos de los dirigentes de la Generación del 80, se encuentra el primogénito del vicepresidente Marcos Paz, y entre los heridos, Lucio V. Mansilla, el “dandy” que salva valiente a varios de sus soldados, y Cándido López, que pierde la mano, y sería uno de los grandes pintores del siglo XIX”, comenta el periodista Mariano Oropeza en la página SerArgentino.com.

Cándido López, además de pintar las distintas escenas de los choques y enfrentamientos, de las diferentes columnas de los ejércitos, representó también la vida en los campamentos de campaña, en los que la soldadesca alardeaba de coraje o entrevía la derrota, muchas veces presagiando la muerte en la próxima refriega, datos que minuciosamente el artista se encargó de apuntar en sus notas.

Fue el mismísimo Mitre, a quién López retratara años antes, el que estimula al artista a guardar sus apuntes y bocetos, aconsejándole que los conservara celosamente, ya que algún día se convertirían en historia.

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Así como Cervantes detento el mote de “El Manco de Lepanto”, en razón a la batalla en la que perdió la funcionalidad de uno de sus brazos, Cándido López fue conocido en su tiempo como “El Manco de Curupaytí”, una expresión disonante en nuestros días pero que en su momento fue un emblema, en favor de los veteranos heridos y mutilados en guerra, por los que López, además, siempre lucho y bregó para que se cumplieran cabalmente sus derechos y el pago en tiempo y forma de sus pensiones.

La obra de Cándido López se puede visitar en los diversos museos que albergan las más de 32 pinturas que forman parte de sus pinacotecas, como es el caso del Museo Histórico Nacional, el Museo de Luján, el Museo de San Nicolás, el Museo Mitre, el Museo de Bellas Artes de la Nación y el MNBA de Neuquén en el que se exponen las obras: “Asalto a la cuarta columna de Curupaytí” y “La Escuadra en el Canal”.

Los apuntes de guerra como crónicas de la época, dan cuenta más que de las hazañas, del horror vivido. Con los años, López completó sus dibujos, con colores que albergaba en su memoria, aunque es cierto que, además, se pueden adivinar en ellos, los gritos, las arengas, el lamento y la desesperación brotando de las pinturas, que los críticos enmarcan dentro del estilo “naif” qué, aunque aluda a la inocencia, reviste de madurez, exenta de romantización, la cruda realidad de cada lienzo.

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