"No digo cosas para poder ser popular, yo digo lo que pienso"

Con peli nueva. El actor estrena El ciudadano ilustre, que hoy se presenta en el Festival de Venecia y llega el jueves a las salas de todo el país. "Es un muestrario barroco del ser argentino que yo más abomino", resume el film para LM Neuquén.

Paula Bistagnino
paulabistagnino@hotmail.com

Serio al punto de que puede parecer antipático, lo de Oscar Martínez es antes que nada una distancia prudente que pone con el resto del mundo y que contrasta con la actitud de los actores que hacen de la simpatía y la cercanía una forma de relaciones públicas, sin importar a quien tengan adelante. Desde hace rato en el ranking de actores argentinos consagrados en el cine y con proyección internacional, este es uno de sus mejores años: después de protagonizar Kóblic con Ricardo Darín –en la piel de un comisario miserable y corrupto- e Inseparables con Rodrigo de la Serna -interpreta a un cuadripléjico-, ahora es el protagonista de una película-libro que mezcla ficción y realidad y que arrasa con cualquier idea romántica del pueblo como un lugar armonioso y feliz. Y él mismo dispara contra esa idea: “Es más bien la idea infernal del pueblo, y no creo que a muchos les caiga muy bien”.

La Cultura y la Política "Ningún partido político en este país tiene cuadros culturales desde hace décadas".

-Tu personaje es un escritor que ganó el Premio Nobel y que vuelve a su ciudad natal con una soberbia sobre cómo todo sigue igual ahí. ¿Busca ganarse enemigos?

No creo que sea un deber del artista ganarse enemigos. La mayoría de los artistas trabaja para todo lo contrario. Sí hay artistas más corrosivos, menos dados a la simpatía del público; ganarse enemigos es otra cosa. Otros trabajan más para el gusto del público y para el establishment. Este personaje es contradictorio, como todos; se ve en la primera escena, cuando va a recibir el Premio Nobel, pero es muy duro, muy áspero, casi insultante. Lo mismo le pasa con su pueblo.

-Pero es como que vuelve para odiar a su pueblo, para mostrarles…
Él ama a su pueblo, pero lo une el espanto, como diría Borges. Es su patria chica y toda su literatura se nutre de ese pueblo. Escapar de ahí le permitió construirse como persona y escritor. Necesita beber agua, aunque esté envenenada, de ese aljibe. Si no, no puede vivir.
-Decías que la película es una metáfora de la Argentina, ¿por qué?

Lo tuve claro desde que leí el guión: la película es incómoda. Nos devuelve la imagen de un espejo que no queremos tener. Es un muestrario de cosas que yo abomino de la Argentina.

-¿Por ejemplo?
Desde la avivada del chofer que toma un camino que no conoce nadie hasta el intendente, la utilización que hace de él, el fanatismo ideológico, la violencia, la corrupción, ponerlo de presidente de jurado de un concurso para luego cambiar lo que eligió, el chauvinismo. Eso es terriblemente argentino: primero convertirlo en ídolo y después destruirlo.

-Borges aparece en la película y se plantea por qué nunca le dieron el Premio Nobel…
Claro, lo han dicho otros nobeles como J. M. Coetzee, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, que cómo puede ser que no se lo hayan dado. Así que Montalvani -el personaje- no puede menos que decirlo. Por eso digo que es tan argentino el personaje, que tuvo que irse muy lejos para tener esta mirada crítica. Cosa, por otra parte, muy argentina: Borges, que es argentinísimo pero que estaba en el exilio en Europa y que fue estigmatizado por ser europeizante o escribir en inglés y sufrió encarnizadamente su nacionalidad.

-¿Puede incomodar?
Sí, creo que mucha gente se va a incomodar o, por lo menos, no le va a gustar. O va a debatir sobre esto.

-Hay también una crítica al vínculo de la política con la cultura.
Conocemos esa hipocresía: la preponderancia que supuestamente la clase política le da a la cultura. Ningún partido político en este país tiene cuadros culturales importantes desde hace décadas.

-Hay una mirada elitista en la película…
Puede ser, sí, que el personaje la tenga. Pero él pertenece a una elite: ha estudiado, conoce el mundo, ha viajado.

¿No te molesta ganar enemigos?
No me molesta si es por decir lo que pienso. Y creo que, como actor y como persona en general, la docilidad y la resignación ante lo que no nos gusta, no estamos de acuerdo, son mediocres. Yo no digo cosas para ser popular.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Deja tu comentario

Lo Más Leído