El tiempo puso las cosas en su lugar con la misma velocidad con la que el Huevo apiló y desbordó a los marcadores venezolanos el martes en el Monumental. Después de la para muchos floja labor de Marcos Acuña ante Uruguay, en LMN le atribuimos toda la responsabilidad al entrenador, Jorge Sampaoli, quien lo hizo jugar con el perfil cambiado.
“Al Huevo hay que darle la derecha”, titulamos, cuando muchos lo mataban, y advertimos que ante la Vinotinto merecía una oportunidad en el sector del mediocampo donde mejor rinde: por la izquierda. No fue el técnico el que se la concedió sino el destino: la lesión de Ángel Di María. Allí sí, Sampaoli lo mandó al campo y el crack de estas tierras no defraudó. Fue de lo mejorcito en el papelonesco empate ante el peor equipo de las eliminatorias.
Ahora se viene Perú (y Ecuador luego) en octubre, y probablemente el resistido Angelito ya esté recuperado para una verdadera final con vistas al Mundial de Rusia 2018. Y se sabe que es uno de los preferidos, de los más mimados por el nuevo entrenador.
Entonces, no sea cosa de que Sampa haga la más fácil y excluya al actual volante del Sporting de Lisboa. O que vuelva a inventarle el puesto y, como circuló ayer en distintas versiones periodísticas, lo coloque por la franja izquierda pero de la defensa.
Acuña se jugaba todo ante Venezuela. Un mal desempeño lo hubiera dejado relegado en la consideración general. Por suerte, pudo demostrar una vez más que la camiseta de la Selección no le pesa y que tiene condiciones para ser titular y ganarse un lugar en el Mundial, si tenemos la suerte de clasificar. Ojalá que Sampaoli se la juegue por Marcos, un jugador con Ángel...


